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Rodolfo Walsh
Los años montoneros
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Hugo Montero e Ignacio Portela
Cuadernos de Sudestada. Ediciones Continente, Buenos Aires, 2010 |
Los desafíos de esta obra son múltiples. ¿El principal? Bucear, no sólo en los agitados años 70, sino en el interior mismo de una de sus figuras señeras; de una personalidad tan honda y compleja que encierra también la sencillez de lo inevitable. Como la elección de sus últimos años, los que aquí se abordan. Este intelectual que desconfiaba de Perón, sin embargo consideró (o sintió) que su lugar de lucha era el peronismo revolucionario; y una vez allí, como metódico soldado de inteligencia, fue especialista en descifrar códigos militares, supo del golpe antes de producirse y lejos de huir, redobló su pasión militante. Del mismo modo, no se privó de elevar sus críticas a la conducción del movimiento, por su “militarismo” y sus errores tácticos. Es una etapa de la vida de Walsh sobre la que hay muy poco escrito: él no publicaba desde 1968 y la mayoría de sus escritos personales fueron destruidos por los militares al allanar su casa de San Vicente. Portela y Montero incluyen una recopilación de entrevistas a los compañeros y familiares de Walsh, fuentes, documentos y gran cantidad de trabajos sobre la época; este rigor, junto a una prosa y una capacidad de análisis de alto vuelo, logran un texto dinámico y atrapante, que así como aventa ciertas fantasías despierta otras. Como la de imaginar en qué lugar se situaría hoy el autor de Operación Masacre frente a la realidad argentina, que aún continúa pagando las deudas sociales y cerrando las heridas que le dejó esa época. Osvaldo Tangir
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Paraguay en su laberinto
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Mariana C. Fassi
Capital Intelectual, Buenos Aires, 2010 |
Paraguay es una de las naciones con más desigualdades en el mundo y estas no son sólo entre ricos y pobres. Los son también entre otros grupos sociales. Entre varones y mujeres por ejemplo. Siete de cada diez niños nacidos en su territorio son reconocidos y criados sólo por sus madres. Ante los derechos de mujeres, niños y niñas, se opone siempre la opresión patriarcal. Un hito definitivo fue la Guerra de la Triple Alianza (Argentina; Brasil y Uruguay) que terminó con las dictaduras del Dr. Francia, 1814-1840; Carlos Antonio López, 1844-1862 y Francisco Solano López, 1862-1870; con el ejército paraguayo y con las dos terceras partes de la población y con todo el capital productivo nacional. En ese momento cambió radicalmente la organización del país y al afrontar las deudas de guerra debió permitir la entrada indiscriminada de un régimen capitalista ya funcionando en los países vencedores. Paraguay fue un país agrario. La tierra tuvo desde los pueblos originarios, un valor cultural, se usaba para el sustento y la supervivencia, en comunidades cooperativas. En la actualidad su distribución es injusta. El 2,5 por ciento de la población posee explotaciones de más de 500 Has y ocupa el 85 por ciento de la tierra útil. Pero para el campesino la tierra es de él, no del mercado. Suelen decir “el campesino sin tierra no es”. En el siglo XX surgió el Partido Colorado, en alianza con el ejército y la alta burguesía, en detrimento de los derechos populares. Al frente estuvo el dictador Stroessner quien se mantuvo hasta el 89. Se produjeron une serie de golpes hasta que en abril del 2008, ganó las elecciones el ex obispo Fernando Lugo con el 40 por ciento de los votos. Sin embargo gobierna en minoría porque aún mantiene su poder el Partido Colorado y tiene en su gobierno la oposición de su vicepresidente Franco. Ha establecido relaciones con el Merco Sur, la Unasur, Cuba, Evo Morales, Argentina, Brasil, pero como apostó por el “cambio” desde su primer discurso, se enfrenta con los sectores a quienes el cambio los enfurece. Mariana Fassi es becaria del Conicet y Licenciada en Ciencias Políticas (UBA). Alfredo Torchelli
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Relatos completos I y II
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Franz Kafka
Editorial Losada, Buenos Aires, 2010 |
Es casi innecesario referirse a la significación y relieve gigantesco de este checo genial, nacido en 1883 y muerto en 1924, quien se adelantó a casi todos los males –muchos, tan irracionales como crueles– que afligen al espíritu humano. Entre los principales: la incomunicación profunda, la soledad, la angustia. Y, sobre todo: la sensación de que vivir equivale a estar expiando alguna culpa, sin que logremos saber en qué consiste ni de qué se nos acusa. La condición de judío de Kafka, y el hecho de que su país estaba sometido al Imperio Austro-húngaro, lo condujo a un doble desarraigo: escribir en lengua alemana, la del dominador, y pertenecer a una minoría muchas veces discriminada. Las novelas que extendieron la fama de Kafka, y que dieron pie al adjetivo “kafkiano”, vieron la luz sólo póstumamente gracias a que su albacea, el también escritor austríaco Max Brod, ignoró el pedido del autor de quemar ésos y otros manuscritos. Se trata de El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927). Estos dos tomos de los relatos completos de Kafka no incluyen sus novelas, y tampoco sus Aforismos. pero sí todo el resto: el primer volumen abarca los libros publicados en vida del escritor: Contemplación, La condena, El fogonero, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico de campo, Un artista del hambre, y algunos relatos publicados en forma aislada. Textos tan conocidos como Un informe para una Academia, Ante la ley, Chacales y árabes, Josefine la cantante o el pueblo de los ratones, resplandecen en esos libros. Por cierto, nadie que haya leído La metamorfosis, de 1915, logrará evitar estremecerse por el increíble −aunque, si se quiere, tan común− destino que le tocó a su desdichado protagonista: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto…” El volumen segundo ofrece al maravillado lector todos los relatos póstumos, varios de ellos ya emblemáticos del estilo del autor checo, un estilo acaso emparentado con el expresionismo de entreguerras y también precursor del surrealismo y de la corriente del absurdo. Por ejemplo: El buitre, La construcción de la muralla china, Preparativos de boda en el campo (relato que quedó trunco y tiene distintas versiones parciales), o el no menos extraño El puente: “Yo estaba rígido y frío; yo era un puente; sobre un precipicio estaba yo tendido, hundidas de este lado las puntas de los pies, del otro lado las manos…” Traducidos por Francisco Zanutigh Núñez, Nélida Mendilaharzu de Machain y Jorge Luis Borges, estos relatos imperdibles vuelven a acercarnos a un autor cada vez más vigente y ¿por qué no? perturbadoramente profético. Jorge Ariel Madrazo
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| Pan caliente |
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