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...porque la Tierra está llena de
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A noventa años del diario Crítica

El primer multimedio argentino

El primer multimedio argentino
Natalio Félix Botana, periodista
uruguayo, fundador y primer
director de Crítica, vespertino que
llegó a ser el de mayor tirada en
Latinoamérica. Muy avanzado
tecnológicamente, el diario podía
imprimir 100 mil ejemplares por
hora.
El primer número del diario Crítica salió el 15 de septiembre de 1913. Eran 5000 ejemplares de tan sólo 8 páginas. A pocos años de su nacimiento se transformó en una fortaleza mediática y fue el primer multimedio del país. Incursionó, además de la gráfica, en cine y radio, todo con su sello y el de su mentor, Natalio Félix Botana. Revolucionario y aventurero, de un espíritu creador que se potenciaba desde la bohemia, la poesía y la inventiva de sus mejores escritores y periodistas. El imperio cayó. Muchos afirman que Crítica fue Botana. Sin embargo, el último número del diario se editó en 1963, sin la potencia que consiguió en la década del 30.
Santiago Senén González / Periodista e investigador
Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino en la Universidad Torcuato Di Tella.
El primer multimedio argentino
José Antonio Saldías, cofundador
del diario, fue el testigo de los
apremios iniciales que se vivían
para completar cada edición. Ante
el temor de perder el diario, sus
directivos idearon un cambio de
rumbo: llegar al público de masas.
Y la nueva política
En un bar ubicado en la esquina de Rivadavia y Maipú, un grupo de amigos soñaba con fundar un diario. Largas noches de café se escurrieron en la búsqueda de concretar la idea. El proyecto casi estaba armado, pero el dinero para salir a la calle y mantenerse en el mercado, no estaba al alcance de la mano.

Hay distintas versiones acerca de cómo surgió el financiamiento. Algunos se lo adjudican al doctor Adolfo Berro, vicepresidente del Partido Nacional del Uruguay y pariente de Natalio Botana. Otros, al administrador del teatro Casino, que a través de su íntimo amigo Marcelino Ugarte habría desviado a Crítica, con permiso de su director, las contribuciones publicitarias enviadas a la revista PBT por algunos intendentes de la provincia de Buenos Aires.

Los primeros números salieron bajo el lema: "Diario ilustrado de la noche, impersonal e independiente". Su director era Natalio Botana, un periodista uruguayo muy joven, que en su diario iba a demostrar su gran talento, creatividad y astucia para llevar adelante un aire innovador en el periodismo.

Con mucho esfuerzo y muy poco capital, se montó en Sarmiento al 800 lo que sería la primera redacción. Las ediciones se hacían en los talleres gráficos de Rosso de la calle Belgrano, entre Perú y Defensa. Todos los días llevaban al taller los pesos para pagar el tiraje. José Antonio Saldías, uno de los fundadores, recuerda cómo andaban a las corridas: "se debía llevar una carta a determinada persona, esperar la contestación y una vez en la calle abrirla. Si contenía dinero correr a lo de Rosso, sino, hablar al diario pidiendo instrucciones". Esas indicaciones no debían demorarse porque Crítica tenía que salir a tiempo. Saldías cuenta que una vez, con el dinero en mano, fue al taller donde lo esperaba Botana. Hicieron el recuento y les faltaban sesenta pesos: "no hubo forma de convencer al empleado para que pulsara el botón de contacto. Manolo Otamendi cayó al final con mil pesos y completó el tiraje del día"

Así pasaron los primeros años. Crítica no pudo consolidarse en el mercado y la urgencia de no perder el diario, los hizo pensar en un cambio de rumbo y con un objetivo bien claro: llegar al público de masas. Y la nueva política dio resultados: en 1920 la redacción se mudó a una casa de tres plantas en Sarmiento 1546, al año siguiente lograron instalar talleres propios y sumaron la tirada de la quinta edición y de la tercera. De a poco se despertaba el gigante. Para 1925 el diario largó la sexta. En la era de oro de los periódicos, aún sin competir con la información instantánea de la radio, Crítica salía a la mañana, al mediodía, a la tarde, a la noche, y a veces, cuando los acontecimientos lo merecían, sacaba la séptima a la medianoche.

El lema había cambiado. La frase decía que "Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto" y aunque muchos la consideraban inventiva de Botana, es atribuida a Sócrates.
El padre del periodismo moderno

"El secreto de su triunfo estuvo en hacer un diario del pueblo y para el pueblo, en bregar por la justicia social y combatir el privilegio", aseguró alguna vez Saldías. Crítica llegó a ser el de mayor tirada en Latinoamérica y en su época de esplendor imprimió 100 mil ejemplares por hora.

El acierto que hizo crecer al diario fue la capacidad que tuvo Botana en conformar un equipo de redactores que refrescaron la escritura y el estilo de las crónicas. La temática de Crítica iba del sensacionalismo, que explotaba la sección policial a cargo de Gustavo Germán González (GGG), con un uso diferente de titulares en cuerpo catástrofe, hasta la poesía de Raúl González Tuñón. Una de las preocupaciones de Botana era que el diario no dejara de reflejar las actividades literarias del país y del mundo.

En la década del 20, el joven empresario puso en marcha su nueva política y la capacidad que transformó al diario en el medio de comunicación que innovaba constantemente y marcaba el camino del nuevo periodismo.

Crítica fue el precursor en muchos aspectos que hacen al oficio periodístico. Fue el primero que envió a cronistas y fotógrafos como corresponsales de guerra al conflicto entre Paraguay y Bolivia. Como así también destacó al primer cronista deportivo que acompañó a un club de fútbol en gira, cuando cubrió la campaña de Boca Juniors por Europa en 1927. En la redacción de Crítica se realizó el primer reportaje telefónico transatlántico con motivo de la inauguración de la agencia del diario en Berlín. Roberto Arlt, fascinado al conocer el hecho, vaticinó que pronto se podrían transmitir fotografías a largas distancias y establecer comunicaciones telefónicas desde un aeroplano.

Además de sus cinco ediciones, el diario implementó numerosos suplementos y secciones como La Buena Cocina, Cultura Física, Para gordos y flacos, relacionado con los regímenes dietéticos, Moda, La música, los autores y las obras, y el suplemento infantil a todo color. Mientras creaba no perdía de vista a sus competidores, y editó, al igual que el diario La Razón, libros a precios muy accesibles. Así nació la Biblioteca Crítica.

El diario le brindaba a sus lectores un rol activo, los hacía partícipe, se organizaban espectáculos públicos, ciclos de cines barriales y concursos de cuentos. En una ocasión, se llevó a cabo un certamen de mujeres feas, a cuyas ganadoras se les regalaba un tratamiento de belleza. Otras veces, la competencia consistía en adivinar el peso de un elefante. Hasta realizaba campañas para la búsqueda de un familiar perdido.

El caso de María Poey de Canelo, acusada de homicidio, es otro ejemplo. Se creó una sección en el diario que se llamó "Pregunta del día". Era una encuesta callejera en la que se opinaba sobre la orden de prisión librada por el juez contra la presunta asesina. El comentario del encuestado se publicaba junto a su foto. La campaña que emprendió el diario era convencer a la opinión pública de la inocencia de la mujer, que culminó con el famoso titular: "No hay cianuro". El día en que iban a exhumar el cadáver en busca de veneno, el cronista GGG detuvo al plomero encargado de intervenir en la revisión y le dio una suma de dinero a cambio de su traje. Disfrazado, el periodista estuvo presente cuando el perito determinó la inexistencia de cianuro. Luego corrió a la redacción con la noticia de último momento que salió en la tapa de la quinta edición, junto a la foto del periodista disfrazado de plomero.

La fortaleza

Con el éxito se acrecentaron las ganancias. Botana hizo construir un edificio exclusivo para el diario y a fines de la década del 20 se mudó a Avenida de Mayo 1333.

El nuevo edificio –hoy una dependencia de la Policía Federal- era imponente, partía al medio la manzana. La entrada principal daba a la avenida y el fondo se comunicaba con la calle Rivadavia.

En su fachada llevaba el nombre del diario y encima de la puerta, sobre mármol negro, el lema socrático. En el primer piso se ubicaba el amplio despacho de Botana, en el segundo se encontraba la sección de Avisos Clasificados y el archivo, en el tercer piso, los ascensores dividían, por un lado, la sección Deportes, y por otro, la redacción con la totalidad de sus sectores: Policiales, Teatro, Espectáculo y Política. La diagramación y el taller de fotografía se realizaba en el cuarto piso. El quinto era el lugar reservado al taller de matricería y composición cuyas máquinas, adquiridas en Estados Unidos, eran de última generación. En el sexto estaba el bar-restaurante. En el subsuelo se ubicaban las rotativas y la famosa "Hoe". Roberto Tálice recordó la primera vez que la vio: "Mister Mahon, el técnico que ha instalado la rotativa por orden de la casa fabricante (...) nos invita a que lo sigamos. Descendemos al subsuelo (...) Se nos van explicando detalles acerca de la formidable Hoe. Con una hora de tiraje continuado, la rotativa puede envolver a la ciudad con un cinturón de diarios. Hoe es la historia de la evolución del periodismo".

El edificio tenía la particularidad de utilizar una sirena estridente que le anunciaba a la población los acontecimientos más importantes. "¡Está sonando la sirena de Crítica! Algo está pasando en Buenos Aires", decían los vecinos. Los ventanales que se ubicaban sobre la Avenida de Mayo se utilizaban para colocar pizarras con las últimas noticias y se actualizaba cada hora. Allí se reunían los transeúntes muchas veces para comentar y opinar sobre la información.

El 1° de septiembre de 1927, como festejo por la nueva adquisición, se publicó un saludo inaugural que hizo más que explícita la política del periódico: "Por sobre todas las diferencias de raza, de lengua o de nacionalidad es usted para nosotros, particularmente, una cosa sagrada: un lector de Crítica. Y en cada lector de Crítica suponemos, por lógica afinidad de ideas y sentimientos, a un espíritu libre para quien las actuales divisiones de raza o de nacionalidad son barreras transitorias que separan a la gran familia humana del porvenir".

La revista Multicolor

A mediados de la década del 20, cuando el diario se consolidaba en un periodismo ágil y distinto, Botana decidió publicar Crítica Magazine. Una revista semanal de 16 páginas a cargo de Raúl González Tuñón. En su temario se reflejaba un amplio espectro sobre la realidad argentina: artículos de cine, deportes, una página femenina y una sección sobre vanguardias artísticas. La revista presentaba una veta literaria reflejada en poesías y cuentos de Roberto Arlt, Jacobo Fijman, Arturo Lagorio, Alberto Pineta, Raúl y su hermano Enrique González Tuñón. Pero la misión duró 29 semanas y el 30 de mayo de 1927, la revista dejó de existir.

No todo lo que tocaba Botana se convertía en oro: hubo muchos emprendimientos que no tuvieron tanto éxito. Uno de ellos fue la aparición en 1939 de un nuevo matutino bautizado El Sol. El nombre estaba inspirado en el diario republicano madrileño, fundado en 1917 por José Ortega y Gasset. Tenía como lema "Inter Folius Frutus" (Entre las hojas, el fruto). La intención era armar un producto de alto vuelo intelectual, pero no pudo conquistar el mercado. "Con ese diario no se podía subir al tranvía porque tenía 100 páginas y muchas secciones", recuerda Bernardo Ezequiel Koremblit, quien participó del proyecto. Un año después de su inauguración El Sol anunció que "Don Natalio Botana se ha desvinculado de la empresa". Su yerno, Damone Taborda, era el nuevo director.

Otro frustración fue el diario Uruguay, del que Botana se hizo cargo entre 1935 y 1937 con la aspiración de triunfar en su tierra, exportando el éxito del diario de mayor tiraje en la Argentina. El 25 de febrero de 1935 relanzó el diario Uruguay, previamente dirigido por Pedro Visca y Francisco Vidal. Pero no resultó y tras dos años se desprendió de la dirección del periódico.

Sin embargo, Crítica no paraba de crecer. En 1931 apareció un nuevo suplemento literario que iba a hacer historia por su contenido y por el peso de sus redactores: la revista Multicolor. Era la continuación de aquel bosquejo que fue Crítica Magazine. En un primer momento se puso al mando Raúl González Tuñón. Al poco tiempo el general José Felix Uriburu clausuró el diario, que fue reabierto en 1932. En ese entonces, Botana comenzó a bosquejar una segunda versión de la revista. A mediados de 1933 llamó a su despacho a Ulyses Petit de Murat, redactor y crítico de cine. La idea era construir un buen producto que compitiera con los suplementos de La Prensa y de La Razón. "Quiero una literatura vital, real, que interese a los lectores del diario. Usted será el codirector y aportará al proyecto su capacidad periodística, le dijo Botana a Petit de Murat y le pidió que incorporara a un literato que tenía en vista: "A su lado quiero a un escritor que me fascina desde que lo leí por primera vez, ese muchacho (Jorge Luis) Borges". Una vez más demostraba su destreza como seleccionador.

El número inicial contó con las colaboraciones de González Tuñón, Petit de Murat, Luis Melián Lafinur, y José Federico Naya además de los cuentos de Borges, que más tarde se publicaron en el libro Historia universal de la infamia.

"Botana nos conocía como autores y daba ideas precisas sobre lo que quería hacer con el suplemento. Tenía una habilidad enorme para comunicar sus propias ideas y para hacerlas entender inmediatamente", comentó Tálice, quien también participó en el proyecto.

Borges: el aprendiz

Como plantea Alvaro Abos en el libro El tábano: "La situación de Borges y Petit de Murat era distinta. Este último trabajaba desde hacía por lo menos seis años en el diario, donde ocupó muchos puestos: fue cronista policial, redactor de mesa, crítico de cine y de jazz, y llegó a jefe de sección. Borges en cambio no tenía experiencia alguna en un diario, salvo como colaborador externo, y mucho menos en un diario de la difusión de Crítica, que tenía fama de sensacionalista".

Petit de Murat era quien daba los consejos y le pidió a Borges que escribiera artículos para la masa. Petit recuerda esa pasión literaria de Borges que muchas veces no coordinaba con los tiempos de un diario. "Terminó el ensayismo de tardes y tardes sustituyendo cien veces un adjetivo, emulando a Francisco de Quevedo y Villegas y a Macedonio Fernández. Había que entregar una colaboración cada quince días. Había que ir al taller y agregar líneas o cortarlas en sus artículos o los de los otros. Necesitaba un mes para entregar las veinte líneas de una encuesta".

Para muchos la incorporación de Borges fue un intento de Botana por atraer parte del grupo literario martinfierrista. Koremblit recuerda que "en el diario había gente de Boedo y gente del grupo de Florida pero se llevaban bien entre ellos. La polémica fue más un invento que se hizo con el tiempo. Arlt, que estaba en Boedo, era secretario de Ricardo Güiraldes que estaba en Florida, secretario a sueldo. Recuerdo una vez que Arlt le dijo a Güiraldes 'maestro, cuando se va a poner a escribir en serio' ".

Borges, además de participar con sus colaboraciones, tenía grandes conocimientos para seleccionar autores como Gilbert K. Chesterton, Swift, y otros más.

Una de las anécdotas más recordadas que tuvo de protagonista al escritor fue comentada por Alberto Rudni. "A Borges una vez le faltaban cuatro líneas en un cuento y el petiso Alvarello se las agregó. Decía: 'como no tenía nada que hacer le rompió el culito', entonces se armó otro escándalo y, como siempre, no fue más que una bronca de Botana".

Pero el alto vuelo literario solo duró 58 semanas. El 6 de octubre de 1934, se dejó de publicar la revista: "Le extendió partida de defunción Eduardo Bedoya, que era el subdirector y venía de trabajar en The World de Nueva York; tenía sus propias ideas. A la gente le interesaba el suplemento, pero sobre todo como un regalo del diario".

Informar en el éter

"Por primera vez en el mundo un diario –debía ser Crítica– prolongará sus informaciones en una poderosa estación de radiotelefonía". Ese fue el gran titular del periódico anunciando su próxima aventura. Se iniciaba una nueva manera de informar: LOR Brodcasting de Crítica. Botana, como siempre, quería a los mejores en su equipo y puso en la dirección nada menos que a los fundadores de la radiodifusión en la Argentina: Enrique Susini, Miguel Mujica, Cesar Guerrico y Luis Romero Carranza, más conocidos como "los locos de la azotea".

La estación empezó a funcionar con un transmisor de 1 kw desde las calles Sarmiento y Callao.

El espectro porteño se dividía en tres grandes emisoras que eran: Radio Cultura, Radio Nacional, y Grand Splendid. En los últimos meses de 1925 comenzaban a surgir nuevos competidores con holgado respaldo económico. Entre ellos se encontraba la emisora del diario La Razón y también la de Crítica.

Crítica, que no soportaba ser atacado por sus competidores en el terreno que mejor manejaba, la innovación, con su caudal humano y técnico le ganó a La Razón por dos semanas, saliendo al aire con transmisiones experimentales. El equipamiento y la organización básica del proyecto no le permitían emitir de manera oficial, recién lo pudo hacer el 28 de noviembre de 1925, unos cuantos días después del diario de los Mitre.

Crítica había tenido su primera experiencia muchos años antes, la noche que se transmitió por Radio Cultura la pelea de Firpo–Dempsey realizada en Polo Grounds (Estados Unidos), el 14 de septiembre de 1923 con un artilugio ideado por Botana. En la puerta del diario se estableció una estación radiotelegráfica, y un radioaficionado, Martínez Seeber, debió trasladar sus equipos para transmitir lo sucedido al público a través de un megáfono.

Cuando Crítica tuvo sus propios estudios de radiodifusión eligió como voz distintiva a Aldo Rossi Morelli, a quien se lo denominaba "el padre de los speakers argentinos". El era un barítono que en esa época, cuando los locutores tenían peso en las estaciones, disputó el podio con Pablo Osvaldo Valle, un gran profesional que vendía productos en Radio Nacional.

Sin embargo, la nueva empresa de Botana no tuvo el éxito esperado y en menos de un año y medio se alejó de la emisora. Los nuevos propietarios la bautizaron Radio Prieto.

El cine de Baires Film

Era la primera vez en la historia de los medios argentinos que un diario, poderoso en la gráfica, y poseedor de una emisora de radio, iba a incursionar en la industria del cine. Crítica se hacía imagen.

En 1940, en las cercanías de la mansión de los Botana, Los Granados, se montó el estudio de producción de cine con la denominación Baires Films SRL. El edificio tenía dos plantas, dos galerías de filmación, una con foso para escenas acuáticas. El primer piso se repartía entre el departamento de sonido, camarines, maquillaje y vestuarios. A un costado del estudio se ubicaban los depósitos de carpintería, tallerres escenográficos y el laboratorio de proyección.

La idea pertenecía a Bedoya, quien la propuso a Botana como una posibilidad, allá por 1933, aprovechando su espíritu emprendedor. Ese mismo año Bedoya viajó a EE.UU. para asesorarse en los modernos estudios de cine. El viaje alcanzó para adquirir los conocimientos necesarios de montar la empresa e incorporar la última tecnología de la industria.

De regreso en Buenos Aires, y luego de unos años que sirvieron de experimentación, Baires Film tomó forma real y en sus comienzos el proyecto estuvo asesorado por un joven realizador francés, Daniel Tinayre. Las dos primeras películas fueron Mateo y La hora de las sorpresas, que mientras se construía el edificio propio, se filmaron en galerías alquiladas.

Los estudios Baires se inauguraron con la película El último refugio. Fue el único film que se rodó antes de la muerte de Botana. Estaba dirigida por John Reinhardt y protagonizada por Pedro López Lagar, Mecha Ortiz, Irma Córdoba, Jorge Rigaud, Juanita Sujo y Ernesto Vilches. El film se destacó en lo visual, con escenografía de Gregorio López Naguil, y la fotografía y el montaje del austriaco Kurt Land.

El reconocido crítico de la sección Espectáculos, del diario El Mundo, Edmundo Calcaño, alias Calki, recuerda que se refirió a la película sin elogios y cuestionando la propuesta fílmica. Al día siguiente su jefe lo llamó y le dijo: "Usted debió haber consultado antes de criticarla. Es una película de Botana y por culpa suya nos vamos a echar a Crítica encima... Éste no es un caso común: se trata de la primera producción de Botana, que tiene a Crítica detrás. Ellos emplean otros medios para imponer sus cosas. Son parecidos a los pistoleros. Ya ve lo que salió en los demás diarios..."

Las mentes brillantes

En esa época el periodismo era sinónimo de política, arte, causas populares y literatura. A los miembros del diario los caracterizaba la bohemia y una conducta liviana ante las buenas costumbres de aquellos años. Se vivía el periodismo desde la pasión, sin restricciones horarias ni ideológicas. La escuela era la misma redacción del diario. Tálice rememoró las ruedas de noticias que se llevaban a cabo en un bar en las proximidades del diario: "Se habla, se discute, se informa. Cada uno aporta lo suyo, lo que más sabe de su especialidad. Peña amistosa en la que se comparten o debaten opiniones y se entrecruzaran noticias".

Se creaba un ambiente ameno y con muchas anécdotas que definen los perfiles de aquel grupo. Uno de los que transformaron la sección policial en una herramienta fundamental para el crecimiento del diario, Gustavo Germán González, recuerda el papelón de Roberto Arlt: "una vez escribió un artículo que hizo llorar a la gente, pero se olvidó del nombre de la mujer asesinada". Botana pegó una nota exigiendo no olvidar poner el cómo, el cuándo y el dónde, y por supuesto, el nombre de la persona en cuestión. "Después agreguen todo lo que quieran".

En una ocasión Botana pensaba de qué manera se podía renovar la sección policial y entonces le pidió a GGG que le diera más color. Lo primero que se le vino a la mente fue hacer reconstrucciones de los crímenes y actos delictivos. "Llamábamos a los amigos: uno hacía de asaltante y el otro de asaltado. Fue la gran novedad".

El histórico periodista de Crítica Rudni rememora el día que Enrique Gustavino, quien se ocupaba del teatro en la sección de Espectáculos, fue al puerto a recibir a la bailarina rusa Ana Pavlova. "El era un tipo desaliñado, usaba una camisa rota, no se afeitaba, tenía el traje siempre arrugado y tenía mucho talento, sabía escribir. La mujer queda impresionada y se enamora de él, y lo invita al estreno en el Colón. Entonces Gustavino lo va a ver a Botana, que le da un crédito de 100 pesos para que se compre un traje nuevo, zapatos, camisas. Se puso de punta en blanco y se fue al debut". Después de la función el periodista va al camarín a saludarla y la invita a cenar. Cuando ella lo ve, le dice que vestidos así tiene tipos de mucha guita, y ahí terminó el romance con la Pavlova.

El mismo director del diario fue partícipe de innumerables anécdotas. Botana no ocultaba la fascinación que tenía por el juego, a tal punto que muchas veces se encerraba en su despacho para jugar al póker con sus empleados. En una de las tantas partidas se jugó la suerte de un reportero gráfico. "Cunde una lamentable noticia: el tucumano Federico Ramírez, por faltar al diario, ha sido despedido", evocó Tálice, quien presenció aquella tarde y junto a sus compañeros lo que entendieron como una injusta decisión. "Solicitamos la adhesión y colaboración de don Pedro Scapussio y Rafael Conde, tan allegados a Botana y tan amigos del tucumano Ramírez. Los dos se comprometen a interceder en su favor, además de ser portadores de nuestro reclamo". Botana decidió que lo resolvería en un partido de truco. La partida fue pareja y la última mano definía todo. En el vale cuatro, Pedro jugó el as de basto, y Botana guardó su última carta, sin mostrarla, en el mazo. Todos salieron a festejar con Ramírez, en tanto que en el despacho, Tálice quedó solo con el jefe y le dijo: "Seguro estoy de que usted tenía el as de espada. Se dejó ganar".

Funcionaban como un verdadero equipo. Las crónicas realizadas reflejaban la frescura y el talento de muchos que más tarde iban a ser reconocidos como grandes escritores. La redacción contaba con figuras como Edmundo "Pucho" Guibourg, el peruano Luis D. Góngora y Manuel Maldonado. Estaban los poetas Horacio Rega Molina, Nicolás Olivari, Sixto Pondal Ríos, Conrado Nalé Roxlo, Luis Cané, Carlos de la Púa, Santiago Ganduglia, Córdova Iturburu y González Carbalho. Novelistas como Roberto Arlt y Rojas Paz. Roberto Martinez Cutiño se destacó como crítico político. José Barreiro estuvo a cargo de las editoriales. Sin olvidar a los martinfierristas como Jorge Luis Borges y Ulises Petit de Murat. Quienes influyeron, y mucho, en el éxito del periódico fueron los dibujantes Málaga Grenet, Pedro de Rojas y el "Mono" Diógenes Taborda, que sorprendían con sus caricaturas políticas y deportivas. También se destacaron quienes fueron luego dirigentes del gremio de prensa como Octavio Palazzolo, Miguel Pérez Turner y Octavio Rivas Rooney.

Crítica en la política

Crítica fue parte activa en la solución de algunos conflictos sociales. En ciertos momentos buscaba defender la democracia, los derechos humanos y la libertad individual. Sin embargo, contradiciendo este ideario, fue el principal promotor del derrocamiento del gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen y apoyo estratégico del general José Félix Uriburu.

La gran tirada que consiguió Crítica le daba una influencia importante. Era un actor decisivo en los acontecimientos del país, sabía que los políticos temían el prestigio social, nacional e internacional que el diario había ganado. A Botana era muy difícil identificarlo con una u otra ideología. Koremblit lo describe como un personaje enigmático: "Socialista no era, apoyó al sector más moderno en la división del socialismo. Pero no era radical y en algún momento apoyó a Yrigoyen, y no era fascista ni uriburista y apoyó el derrocamiento de Yrigoyen. Siempre estuvo en la defensa de las grandes causas y en la revolución española apoyó a la República, y estuvo con el aprismo en Perú".

Muchas veces Crítica se comprometía abiertamente, llegó a albergar a exiliados políticos, anarquistas y obreros perseguidos, como en el caso de un gremialista panadero, encarcelado por terrorista. El equipo de la redacción lo defendía a través de sus crónicas. El día que el hombre se fugó del penal, lo primero que hizo fue llamar al director del diario quien le dio refugio en el edificio además de hacerle un reportaje y sacarle varias fotos junto a las rotativas. Una vez que estuvo seguro en el exterior, la foto del prófugo junto a Botana fue tema de primera página.

Crítica fue una voz muy importante en los hechos de la huelga de la Patagonia, cuando el anarquista Kurt Wilkens asesinó al teniente coronel Hector P. Varela, responsable de la brutal represión. Botana denunciaba en sus páginas al gobierno radical de implementar el terrorismo de Estado y le costó su primera causa judicial como director del diario.

También tomó posición ante los hechos nicaragüenses, Tálice aseguró que denunció violentamente al imperialismo, y se solidarizó "con los patriotas que defendieron la independencia de Nicaragua". Se publicó una nota del mismísimo Augusto César Sandino en la que decía: "Nuestra lucha por la independencia de Nicaragua seguirá en pie mientras haya un enemigo invasor".

En la vuelta de la democracia en Chile, Botana apoyó la causa de Arturo Alessandri. Tálice describió la posición del diario y sus métodos: "Campañas valientes, demoledoras, en defensa de causas justas, relacionadas con todos los recursos de un periodismo tildado de sensacionalista: titulares de grandes tipos de letras a varias columnas, el editorial corrosivo, la nota gráfica y la caricatura, el comentario humorístico, ridiculizador, la encuesta popular, las colaboraciones ocasionales de personalidades relevantes solidariamente comprometidas en la plena coincidencia de juicios e ideas".

Sin embargo, no deja de sorprender que siendo un diario tan popular se opusiera a los dos movimientos políticos que generaron mayor adhesión en la Argentina: el radicalismo y el peronismo.

Sobre Yrigoyen

Crítica fue uno de los principales actores del golpe y cargó todo su poder mediático sobre el gobierno radical. El 1 de septiembre de 1930, sacó en primera plana: "¿Se convenció el señor Yrigoyen de que todo el pueblo lo repudia?". El diario castigaba. Todo empezó, según Rudni "cuando Yrigoyen, después de ganar las elecciones, del Congreso a Casa de Gobierno, pasó frente al diario y dio vuelta la cara. Botana se indignó y empezó una campaña en su contra".

A pocos días del golpe el diario tituló en todas sus ediciones la inminente caída del gobierno constitucional. En la sexta del 3 de septiembre, luego de repudiar la represión a una manifestación de estudiantes, publicó: "El principio del fin. Crítica dará una edición extraordinaria". Por la mañana Botana bosquejó la cuarta edición y tituló: "Esto se acabó". La irritación presidencial fue tal que ordenó la suspensión de la tirada. Se decretó el estado de sitio. Rápidamente un cordón policial rodeó el edificio y se instaló amenazante en todos los accesos. Encarcelados en su lugar de trabajo y sin la posibilidad de poder entregarles en mano la edición a los canillitas que desde la puerta pedían la quinta, resolvieron tirarles los diarios empaquetados desde las ventanas. En primera plana decía: "Esto se acabó. Invitamos al comercio a cerrar sus puertas mañana por la mañana. La universidad ha suspendido las clases. Hay orden terminante de disparar contra el pueblo".

El lunes 8 de septiembre, con Yrigoyen derrocado y con los militares en el poder representados por Uriburu, el diario en su quinta edición cubrió la página con una foto realizada en el despacho de Botana. Se lo ve sentado, con un cigarro en las manos y rodeado de personas. El título decía: "Grupo de revolucionarios civiles. Hombres de la revolución civil en Crítica. Se prepararon para requerir al Ejército su ayuda, reunidos anoche de nuevo en Crítica".

El festejo no duró mucho, la dictadura uriburista no era lo que la gente de Crítica esperaba, por lo que no tardaron en expresar su desacuerdo, y pasó a engrosar las filas de los enemigos. Uriburu terminó clausurando el diario.

Crítica tuvo que esperar al gobierno de Justo para poder reabrir sus puertas en 1932. "Cuando Uriburu pasó en la carroza hacia el Congreso para entregar el poder al presidente Justo, electo en elecciones democradirigidas –el partido radical estaba proscripto– Botana ordenó subir todas las persianas, y al pasar el dictador las dejaron caer al unísono, mientras comenzaba a sonar la sirena y un grupo de canillitas voceaba Crítica", cuenta Vicente Adrich, quien si bien entró a la redacción en los 50, entonces aún se mantenía la memoria oral del diario a través de los viejos redactores.

Los últimos años

Natalio Botana le puso tanta pasión y fuego a su creación que muchos analistas opinan que luego de su muerte el diario jamás volvió a ser el mismo.

Eduardo Bedoya asumió la dirección, Helvio "Poroto" Botana quedó como subdirector mientras que Jaime, su hermano, asumía la presidencia de la Sociedad Poligráfica Argentina. Con menor influencia, también estaba la hija, Georgina –La China–, casada con el legislador Raúl Damonte Taborda, al que le decían "el diputado por la China".

Al poco tiempo comenzaron los conflictos familiares. Por un lado Salvadora Medina Onrubia, viuda de Botana y su hija, y por el otro, sus dos hijos. Finalmente una resolución judicial dejó el diario en manos de la madre.

En esa redacción contestaria, junto con anarquistas y socialistas, participaban redactores que ocuparían puestos directivos en el Partido Comunista, como Ernesto Giudici (editorialista durante toda la Segunda Guerra), el ensayista Héctor P. Agosti, el economista Paulino González Alberdi y Rodolfo Puigross. Este último abandonó el PC y adhirió al peronismo en 1948. (Luego, en 1973, Puigross fue Rector de la Universidad de Buenos Aires).

Cómo no podía ser de otra manera, Crítica también fue noticia el 17 de Octubre de 1945. Jorge Chinetti estaba presente aquel día y cuenta que "cuando terminó el acto en el que Perón fuera repuesto en el gobierno, de la Plaza de Mayo se desprendió una columna de la Alianza Nacionalista. Entonces vinieron a Crítica y como estaba la puerta cerrada, juntaron en el frente una pila de sillas y de mesas de los cafés de la cuadra, y le prendieron fuego e hicieron una inmensa hoguera. El fuego empezó a tomar los cortinados de los pisos de arriba. Entonces, sacamos las mangueras por la ventana, para apagarlo. Ahí los aliancistas, que estaban armados, nos empezaron a disparar. También un pelotón de la policía montada se sumó a los atacantes, los hicieron subir con las carabinas y tirar contra el diario, que, dirigido por Damonte Taborda, era antiperonista hasta esa fecha. Al final nosotros disparamos, y murió un pibe nacionalista, Darwin Passaponti; desde entonces todos los años iban para esa fecha, tiraban piedras y gritaban 'Darwin Passaponti presente' y hacían el saludo fascista".

Al comienzos de su funciones, Taborda hizo un convenio con el Secretario de Trabajo, Juan Domingo Perón, para que publique una página, a cargo de Rudni, con las resoluciones y acciones de la Secretaría. El espacio concedido duró sólo tres meses hasta que Taborda lo suspendió por una pelea que tuvo con Perón: "Levantala y poné cualquier cosa", le pidió a Rudni. Desde ese momento el diario se hizo violentamente opositor y apoyó a la Unión Democrática. En 1951, Crítica pasó a pertenecer a la cadena oficial de medios.

La muerte de Crítica

Perón presionó a Salvadora para producir un viraje en la política del diario y lograr su apoyo. La viuda, según cuenta Chinetti, "vendió las acciones a Miguel Miranda, el ministro de Economía. Este le dio las acciones a la editorial Alea, de Eva Perón". Así evitó la confrontación y la Crítica a su creciente poderío.

En 1955, el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu ordenó la devolución de los medios de comunicación integrados a la cadena oficial a sus antiguos dueños. Sin embargo, el diario de la familia Botana no fue incluido porque habían vendido las acciones y no contaban con el apoyo de las autoridades.

La titularidad de Crítica comenzó una larga agonía. La empresa fue dividida en dos partes y se llamó a licitación. Una de ellas quedó en manos de Francisco 'Paco' Manrique, fundador de El Correo de la Tarde. La otra parte llegó a las manos de Santiago Nudelman, miembro de la Unión Cívica Radical, que reabrió las puertas del diario. El cometido fue darle una nueva orientación hacia un público más formal. El lema original fue reemplazado por otro que lo decía todo: "Crítica, nueva por fuera y nueva por dentro". La tirada disminuyó.

Hacia 1958, con la llegada al gobierno de Arturo Frondizi hay nuevamente un cambio de directores y el diario quedó cerca del poder. Cuando el presidente fue derrocado, se reiteró el cambio de propietarios, acompañado por una incesante reducción del tiraje. Cerró definitivamente en 1963.

"El Tábano" sobrevoló la ciudad y durante cincuenta años la mantuvo despierta. Aquel sueño que nació en la madrugada de algún bar de Buenos Aires, marcó a fuego el periodismo argentino, dejó un gran caudal de crónicas inolvidables y se jacta de ser el primer multimedio. Nada menos. Eso fue Crítica.



Don Natalio
Cuando apareció el primer número de Crítica, Natalio Botana tenía 25 años, algunas frustraciones en el periodismo y otras en el campo de batalla.
Nació en Montevideo, Uruguay, el 8 de septiembre de 1888.
A los 16 años fue expulsado del colegio jesuita de Montevideo, "La universidad". El círculo de religiosos e intelectuales conservadores, se molestaron al toparse con lo que sería la primera publicación de Natalio: El Mosquito Bomba, una revista cuya postura atentaba contra la propiedad privada y la sagrada familia. El temor de las autoridades se acrecentó cuando conocieron la admiración que sentía Natalio por Giussepe Garibaldi, el famoso líder carbonario y creador de la Nuova Italia.
Sus ideales lo llevaron a unirse a las tropas de Aparicio Saravia. Peleó junto a él hasta que el líder cayó muerto en la Batalla de Mesoller.
Uno de sus antepasados había firmado el acta de fundación de Montevideo. Su padre fundó el Partido Católico de Uruguay, pero él mostró plenamente su independencia haciéndose ateo.
De vuelta de la guerra, Natalio volvió al periodismo y trabajó en Uruguay algunos meses como cronista en Tribuna Popular y en La Noche. De su ciudad natal cruzó a Buenos Aires y, después de algunas jornadas hombreando bolsas en el puerto, se ocupó de las páginas de humor en la revista PBT. Luego, pasó al diario La Razón, y de allí a Ultima Hora. A lo largo de estos años crecía la idea de tener su diario propio. Su próxima empresa estaba pensada en torno a un grupo de periodistas que conoció en sus años de redactor y que más tarde iban a ser sus empleados: José Antonio Saldías, Antonio Monteavaro, Tito Livio Foppa, Enrique Queirolo, Víctor Guillot, Angel Méndez, Félix Lima, Manuel de Otamendi y los hermanos Ottone.
Aunque tenía un buen olfato para los negocios y logró que el diario llegara a ser el de más venta en América latina, no se manejaba como un empresario, o al menos no lo hacía con los criterios del conservadurismo, sino desde la audacia y la constante creatividad. Tuvo la excelente capacidad de elegir a unos de los mejores grupos de redactores de la historia de la prensa argentina y se destacó por un hábil manejo de las relaciones con los políticos.
Siempre fue comparado con el magnate de la prensa amarilla norteamericana Williams Randolph Hearst. Para muchos era la versión rioplatense. El escritor David Viñas lo describe como "un capomafia al que le hubiera gustado ser Al Capone, con una colección de autos de color caramelo, un Partagás muy largo entre los dedos haciendo una V y cinco o siete mujeres platinadas bailoteando a su alrededor al compás de un shimmy. Pero era un gordo tierno con sus hijos; también con el ordenanza, de uniforme verde, al que llamaba con un silbato y que entraba a su oficina pegando saltos mortales como si estuviera en un circo. Además de subir a la torre, de tres en tres escalones, para hacer sonar personalmente la sirena del diario cuando el Graf Zeppelin sobrevoló Buenos Aires". En forma casi similar lo describió Abelardo Ramos en su libro Revolución y contrarevolución en Argentina: "Con el habano en los labios, rechoncho y cínico, con un busto metálico de Gurki en su despacho y un rápido gatillo, Natalio Botana hacía de Crítica el órgano cotidiano del crimen y del escándalo ...".
A mediados de 1941 viajó hacia la muerte. Iba a la provincia de Jujuy en busca de un nuevo sueño: comprar campos para transformarlos en un reservorio de la flora y la fauna más exóticos del planeta. Por esa época su vida daba un giro, a punto de casarse por segunda vez, estaba decidido en dejar a su esposa Salvadora Medina Onrubia.
Cerca de San Salvador de Jujuy, Natalio sufrió un accidente automovilístico. Pero no murió en el acto. Se encontraba en el hospital bajo observación, y no corría peligro, pero su capricho pudo más. Sin obedecer las recomendaciones del médico, se sentó en la cama y las costillas quebradas perforaron un pulmón. Era el 7 de agosto de 1941. Tenía 53 años, y dejaba en manos de su esposa y sus hijos, Helvio, Jaime y Georgina, el imperio Crítica.



La virgen roja
Una chica de cabellos rojos entró a Crítica con una obra de teatro suya bajo el brazo, Almafuerte, quería publicarla, o bien apoyo financiero para llevarla a las tablas. Salvadora Medina Onrubia tenía 22 años. Natalio Botana al verla se enamoró.
Impulsiva, fogosa, emprendedora, a veces irascible y hasta violenta, Salvadora fue mucho más que la esposa del director de Crítica. Dejó sus trabajos literarios y sus luchas políticas y protagonizó una gran polémica por su labor al frente del diario de Botana.
Nació el 23 de marzo de 1894 en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires. Se decía descendiente de una princesa, Flores de Labernie, pero lo cierto es que era hija de una ecuyére de un circo. Entre los años 1910 y 1913 trabajó en Entre Ríos como maestra rural y dio sus primeros pasos en el periodismo cuando colaboró en El Diario de Gualeguay. Más tarde lo hizo en las revistas Fray Mocho y PBT.
Fue en esa ciudad que tuvo su primer amorío con un abogado y su primer hijo Carlos Natalio, más conocido como Pitón.
La dedicación a la escritura provocó el ansia de representar algunas de sus obras en Buenos Aires, y decidió radicarse en Capital Federal. A lo largo de su vida escribió obras de teatro como La Solución, Lo que estaba escrito, Las descentradas y Un hombre y su vida (obra sobre la guerra civil española). También tradujo piezas inglesas y francesas. Escenificó, en teatro para niños, los cuentos de Perrault: Blancanieves, Caperucita Roja y La hormiguita. Publicó los libros La rueca milagrosa y El misal de mi yoga. También escribió poesías, El libro humilde y doliente y El vaso intacto, una novela –Alaska– y el alegato Crítica y su verdad.
Era anarquista. Se recuerda su acción incansable, la toma de posición por las causas cotidianas y, especialmente, su participación en la campaña por la liberación de Radowitzky, un joven anarquista que se encontraba preso en Ushuaia desde 1909 por haber matado al jefe de policía Ramón Falcón. Su pasión libertaria la llevó a participar de los hechos de la Semana Trágica. Aquel 7 de enero de 1919, junto a su hijo Pitón: "Porque quería que él se fuera enterando de lo que era la lucha social", según comentaría más tarde la propia Salvadora. Los dos formaron parte del cortejo fúnebre de los caídos del día anterior, en las cercanías de la fábrica Vasena. Ella recordó aquellos hechos: "No se debe haber olvidado Buenos Aires de la Semana Trágica de enero del 19, cuando en una huelga de la fábrica de Vasena, cargaron los "cosacos", que eran la asesina caballería montada de "añamenbuyses" bravos que atropellaban a quien podían, y en el lugar quedaron seis obreros muertos". El día del entierro de sus compañeros ella tomó la palabra, pero iba a ser interrumpida por la policía: "En ese momento cargaron los 'cosacos' sobre todos". Su amigo en la lucha anarquista Sebastían Marotta -quien más tarde sería el dirigente sindical de los gráficos y que estuvo preso por la huelga contra Perón en 1949 y que en 1955 volvería a la conducción del gremio- tomó a Salvadora de las piernas y la tiró junto él en la fosa que estaba abierta. "Pasaron los caballos sobre nuestras cabezas llenándonos de tierra. No sé como Marotta pudo salir y sacarme de la fosa", después partieron hacia México 2070, sede anarquista, pero Salvadora no encontraba a su hijo: "se me había perdido en el tumulto y al llegar lo encontramos (...) durmiendo en un banco".
Jorge Chinetti, periodista del diario Crítica, recuerda que la llamaban "la virgen roja" por su parecido con la heroína de la Comuna de París.
Con Botana tuvo tres hijos, Helvio, Jaime y Georgina. Según cuentan los periodistas del diario, era muy común ver a los Botana, que tomaron al edificio de Crítica como su segundo hogar, en las redacciones y talleres.
Una de sus pasiones eran los cultos esotéricos y el espiritismo, su hijo Helvio describió en su libro Tras los dientes de perro a Salvadora como una mujer anticlerical y supersticiosa, tanto como para ver espíritus y energías ocultas en cualquier acto u objeto. Desde estas iniciativas fue como Salvadora entabló una estrecha relación con Roberto Arlt, a tal punto que el escritor fue más amigo de ella que de Botana.
El 17 de enero de 1928, la familia conoció la tragedia. Pitón y Salvadora tuvieron una fuerte y larga discusión en la casa de Olivos. Se dice que ella estaba celosa de su hijo, porque Botana lo había criado como si fuera propio, y la relación entre ellos era muy unida. En la discusión le reveló que él no era hijo de Natalio Botana. Pitón fue al cuarto que compartía con sus hermanos Helvio y Jaime y se pegó un tiro en el pecho. Salvadora nunca pudo superar haberlo sobrevivido.
Ella también tuvo su desengaño, cuando a poco de su muerte, una de sus tías le reveló su verdadero origen, y echó por tierra sus aspiraciones aristocráticas. No era descendiente de una princesa española, sino hija de una artista del circo Brasitas de Fuego, que realizaba un número en el que bailaba can-can y saltaba sobre su caballo.
"Salvadora, cerca de su muerte, seguía con sus copas y su éter", recuerda Helvio, y relata un episodio que pudo librar a su madre del fantasma de su hermano Pitón. Salvadora quedó obsesionada con que su primer hijo estaba vivo, y que en realidad no quería verla. Días antes de la muerte de su madre, Helvio convenció al entonces subsecretario de Comercio Exterior, el vasco Fernando Otaduy, que era muy parecido a Pitón, para que fuera a verla y la abrazara. Por fin Salvadora pudo deshacerse del fantasma, y murió convencida de que Pitón vivía. Sus últimas palabras fueron: "¡odio! ¡odio! ¡odio!".



Los Granados: murales y faisanes
En la época dorada, Natalio Botana decidió construir una mansión en unas tierras en Don Torcuato, que fueron loteadas por el ex presidente y amigo personal, Marcelo T. De Alvear. Allí se levantó una majestuosa mansión que pasaría a ser parte de la historia íntima y social de los Botana. Se la bautizó con el nombre Los Granados debido a su viaje por Andalucía en el que la familia Botana fue a buscar los orígenes de los Onrubia.
La casona era puro derroche. En la planta baja estaba el living, infinito, con un piano de cola que a ninguno de los habitantes le interesaba tocar. Cada dormitorio tenía su propio baño revestido de mármoles de varios colores. Amplios jardines, pileta de natación y diversas arboledas, rodeaban la casa.
Pablo Neruda fue uno de los tantos concurrentes que pasaron por la mansión al igual que políticos, artistas, periodistas y poetas. El poeta recordó su estadía y definió así a su propietario: "Habíamos sido invitados una noche por un millonario de esos que sólo la Argentina o los Estados Unidos podían producir. Se trataba de un hombre rebelde y autodidacta que había hecho una fortuna fabulosa con un periódico sensacionalista. Su casa, rodeada por un inmenso parque, era la encarnación de los sueños de un vibrante nuevo rico (...) Así eran las cosas en la casa del famoso Natalio Botana, capitalista poderoso, dominador de la opinión pública en Buenos Aires (...)"
Los Granados, al poco tiempo de su inauguración, iba a atesorar una obra de arte que más tarde se convertiría en un misterio. David Alfredo Siqueiros fue uno de los integrantes del movimiento muralista mexicano, dirigido por José Clemente Orozco y Diego Rivera. Con este último, Siqueiros, como miembro del Partido Comunista mexicano, fundó un sindicato de artistas plásticos. Desde su militancia política y su pintura, Siqueiros recorrió el mundo. Victoria Ocampo lo invitó a la Argentina, en 1933, para presentarlo en la Sociedad Amigos del Arte, pero fue expulsado a la segunda conferencia: sus opiniones irritaron a los concurrentes. "Hay que sacar la obra de arte de las sacristías aristocráticas y llevarlas a la calle, para que despierte y provoque, para libertar a la pintura de la escolástica seca, del academicismo y del cerebralismo solitario del artepurismo, para llevarla a la tremenda realidad social, que nos circunda y ya nos hiere de frente", expuso Siqueiros.
Botana no se lo podía perder, admiraba al pintor. Le propuso hacer un mural en el sótano de Los Granados que poseía una extensión de 200 metros. Siqueiros aceptó y de inmediato formó su equipo: mandó a llamar a Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, más el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro, a cargo de proyectores y aerógrafos. Se dio comienzo a la obra en agosto de 1933 y culminó en noviembre de ese mismo año.
El mural se extendía por el techo, las paredes y el suelo del sótano, en todos esos lugares, Siqueiros dibujó el cuerpo desnudo de su amada, Blanca Luz Brum.
Ese cuarto, luego de la gran inauguración, Botana lo utilizaba como bodega y salón de póker, un juego que lo apasionaba.
Los Granados pertenecieron a los Botana hasta 1948, cuando se remataron las dieciocho hectáreas. Las adquirieron la familia Alsogaray junto a otros tres socios. Se comenta que cuando la señora de Alvaro Alsogaray bajó al sótano y observó el mural, mandó a rociarlo con ácido argumentando que contenía imágenes fuertes para su hija María Julia. Sin embargo, la técnica que había utilizado Siqueiros se resistía al ataque, por lo tanto, la señora ordenó que se lo tape con cal y cerró el sótano con llave.
En los años 50, la casona pasó a manos de la familia Vadell que le pidió a Castagnino la restauración del mural. Los años y los distintos dueños pasaron, y en 1988, Seville S.A. compra el lote de la casa con un objetivo: desmontar el mural y convertirlo en una muestra itinerante. Las idas y vueltas no pudieron con las trabas jurídicas. El mural permaneció oculto por muchos años y se le perdió el rastro. Algunos aseguran que se encuentra en la ciudad de Buenos Aires dividido en cinco contenedores.
Los Granados aún sigue siendo noticia. Fue en una parte de esa casa, hoy perteneciente a Armando Gostanian, donde el ex presidente Carlos Menem, procesado por contrabando de armas, cumplió arresto domiciliario en el año 2001.


Personajes de Crítica
La identidad del diario no sólo estuvo construida por las grandes redacciones, la astucia en las interpretaciones de los acontecimientos y la enorme capacidad de Natalio Botana. También se caracterizó por la cantidad de personajes pintorescos que acrecentaron la magia de Crítica.
Uno de ellos fue el jefe de la reventa Eduardo José Dughera, El Diente, que jugó un papel fundamental en la lucha que se entabló entre La Razón y Crítica, cuando esta última salió a competirle con la quinta edición. "Es obligado recordar la hazaña de El Diente en un período decisivo de la evolución económico-financiera del diario", contó Roberto Tálice.
El incremento de la tirada de Crítica fue gracias a un conflicto gremial. Los canillitas, agrupados en la Federación de Trabajadores de Diarios, entraron en guerra con La Razón. Le reclamaban, entre otros puntos, fijar un precio de venta, la devolución de los ejemplares no vendidos, descanso dominical y reconocimiento de su gremio. Las autoridades del diario no aceptaron y los canillitas, el 19 de enero de 1922, comenzaron una huelga que duró 10 meses.
Para tratar de evadir el conflicto, La Razón contrató revendedores que según lo denunciaron los diarios socialistas y anarquistas de la época eran miembros de la Liga Patriótica, una agrupación nacionalista de ultraderecha que dirigía el doctor Manuel Carlés.
A tres meses de huelga y con un canillita muerto por los revendedores de La Razón, Botana se aprovechó del conflicto y sacó la quinta edición. Crítica entregaba el 50 por ciento de ganancia de la reventa, mientras que otros diarios no superaban el 30 por ciento.
La guerra, que se trasladó a las calles, entre canillitas y "los carneros" de La Razón, fue aguerrida y muchas veces llegaron a enfrentamientos con armas de fuego. El Diente organizó unos "camiones punitivos", que tenían el objetivo de seguir a los camiones de reparto y protegerlos de los "muchachos" de la Liga Patriótica. Dughera fue el estratega de los procedimientos, todos los días trazaba sobre un mapa de Buenos Aires los distintos recorridos y minuciosamente calculaba el ataque de los pistoleros del bando nacionalista.
La huelga finalizó en noviembre de ese año, con la unificación del horario de salida del periódico, el reconocimiento de la Federación y la fijación del precio pedido. El trabajo del Diente le otorgó otro alias: el "Napoleón de la reventa".
Dughera llegó a ser uno más del equipo, mantuvo una estrecha amistad con los periodistas y con Natalio Botana. Cuando el diario sacó una sexta edición, otra apuesta fuerte de Crítica, Botana le preguntaba al Diente cómo iban las ventas, y siempre obtenía la misma respuesta: "Metalé, don Natalio. La sexta se vende como el pan". Más tarde se dio a conocer que era el propio Diente quien compraba los números hasta que se lograba la aceptación del público.
Otro personaje, Carlos de la Púa, el Malevo Muñoz, cuyo verdadero nombre era Carlos Muñoz del Solar, le dedicó su libro de poemas lunfardos La crencha engrasada de 1928: "A todos los canillitas de Buenos Aires y con especial devoción a la figura histórica del Diente, don Eduardo Deghera".
El Malevo era gran amigo de Botana. En el diario tenía a cargo la página de cine y fue autor de varios guiones cinematográficos, entre ellos Tango. Sin embargo, debido a un distanciamiento con el director, por poco tiempo lo remplazó en su cargo Roberto Tálice. Una vez resuelto el conflicto, El Malevo volvió a integrar la redacción.
Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: fue la vez que en referencia a la nueva sección gastronómica, El Malevo dio su opinión: "es una manera de enseñar a 'lastrar' mejor a los 'morfones' que en el mundo andamos. La sección es una cátedra del buen 'morfar'. Y desde ahora me considero inscripto en el curso, aunque por el engorde reviente cinturones y pretinas".
Una vez Enrique Gonzalez Tuñón entró a la redacción y se dirigió a El Malevo. Con papel en mano lo felicitó por el tango que lleva su nombre y lo entonó: "Soy un malevo sin lengue / sin pinta ni compadrada / sin melena recortada / sin milonga y sin canyengue" y resaltó el estribillo que dice: "Porque sos el mayor reo de la ciudad, canchero, arrastrado, te sobra autoridad".
En el tango Corrientes y Esmeralda con letra de Celedonio Esteban Flores y música de Francisco Pracánico, El Malevo se hace presente: "Te glosa en poemas Carlos de la Púa / y el pobre Contursi fue tu amigo fiel.../ En tu esquina rea, cualquier cacatúa / sueña con la pinta de Carlos Gardel".
El tango y Crítica siempre estuvieron relacionados, muchas letras fueron creadas por el equipo de Botana. Francisco Loiácono, Barquina, que estaba acreditado en el departamento de Policía, formó parte de la bohemia de aquellos años y fue uno de los periodistas más populares de la noche porteña. Su apodo surgió porque rengueaba, y "daba barquinazos". Como no podía ser de otra manera, el creador del alias fue El Malevo.
El tango de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo, "A Homero", remite en una de sus estrofas a Barquina: "Vamos, vení de nuevo a las doce / vamos / que está esperando Barquina , vamos / no ves que Pepe esta noche, / no ves que el viejo esta noche / no va a faltar a la cita". "Pepe" era José Aliti, otro personaje de la noche porteña, habitué de las partidas de dados que se jugaban en el diario.
Hasta Carlos Gardel le cantó a Crítica en el famoso tango–milonga "Soy una fiera", con letra del guitarrista Francisco Martino, que se entonó por primera vez en diciembre de 1926. Decía: "el sábado por la noche compro la Crítica quinta / y si me piache la pinta del pronóstico que da...".La alusión a las carreras se debía a que muchos famosos cronistas del turf eran de Crítica. Entre ellos estaba Manuel Rondero, luego periodista deportivo, y el dirigente radical Emir Mercante que escribía con el seudónimo de "Pancho Talero".
Para Alberto Rudni, otra figura inolvidable fue "el Negro Cipriano" (Arrue), que limpiaba todos los días la alfombra persa del despacho de Botana. Un día se cansó y le cortó todos los flecos; casi lo matan. "Cuando a alguien lo llamaban para la dirección, te atendía el 'negro' y te decía 'niño, no tiene nada para mí', y ahí vos le dabas unos centavos y te dejaba entrar".
Tálice conoció a Cipriano el día que entró al diario, y a punto de tener una entrevista con Botana, El Negro le dio un largo rato de charla y antes de dejarlo pasar al despacho de su jefe le dijo: "Le deseo la mejor de las suertes. Y perdone. Me ha caído tan bien y resultado tan simpático, que le puedo abrir mi pecho ¿No tendría algunas 'chirolas' sueltas como para que pueda tomar un 'vinito' a su salud?"



Rudni
La audacia como protagonista
Según Rudni, "en Crítica no se inventaban las noticias, se agrandaban
un poco".
Alberto Rudnitzky, conocido como Rudni, fue uno de los periodistas que nacieron en Crítica. Su primer contacto con el que iba a ser el mayor medio gráfico de la historia fue en 1926: "cuando tenía diez años. Me llevó mi padre, que era especialista en economía". Era hijo de León Rudnitzky, uno de los primeros redactores del diario, que estaba en Buenos Aires exiliado de Rusia tras el fallido intento revolucionario de 1905. Luego Botana lo enviaría nuevamente a Rusia como corresponsal: "habían pasado más de 10 años desde la Revolución. En el fondo la idea era quedarse, iba a ser envíos desde allá, pero había empezado las primeras purgas del stalinismo y los amigos de mi padre le dijeron 'no te quedés porque acá ninguno de nosotros va a salir vivo'. Volvimos pero él siguió escribiendo sobre Rusia, así que venían a reunirse a casa Arlt, los Tuñón, Olivari y otros intelectuales de izquierda, a escuchar las cosas que mi padre contaba".
La carrera de Rudni en los medios comenzó en los 30, en Noticias Gráficas y en La Razón, y más tarde pasó a las redacciones de Libre Palabra, Pregón y La Unión. No sólo fue hombre de gráfica, también trabajó en radio y TV.
Muchas veces se atacó a Crítica y a sus redactores como sensacionalistas y de falsear algunas noticias. Rudni aclara: "en Crítica no se inventaban las noticias, se agrandaban un poco, pero no se inventaban. Una vez a González Tuñón le pasaron un parte de cuatro líneas con el asalto al Banco de Boston y él escribió cuatro carillas pero no eran mentiras, el asalto había ocurrido". La desvinculación de Rudni del diario se debió a un problema que mantuvo con el peronismo: "Me echaron por decir que no iba a haber reelección. En el año 49 se hace la reforma de la Constitución. Yo había pasado a ser jefe de la sección de Política y desde la reapertura del Congreso en el 46 cubría estas cuestiones. El gordo Petrone era secretario de la quinta. Entonces el capo de los peronistas me dice: 'no va a haber reelección, el artículo 77 no se reforma'. Lo llamo por teléfono a Petrone, eran las seis de la tarde y el diario cerraba a las siete, le paso el dato y le sugiero que lo saque chiquitito, perdido, porque me parecía que se iba a rever. Petrone da un título a nueve columnas en primera página de la sexta 'No Habrá Reelección'. Al día siguiente Domingo Mercante, el presidente de la Convención, convoca a una conferencia de prensa para desmentir lo publicado y esa misma tarde se aprobó el artículo 77. Después me llama el interventor de Crítica, que era presidente de la Fundación Eva Perón, y me pidió la renuncia por haber dado una falsa información".
El, que conoció los momentos de gloria del diario cuando acompañaba a su padre al trabajo, y la segunda etapa, ya como un trabajador más, tiene infinidad de vivencias y anécdotas, es uno de los que aseguran que "la verdadera Crítica, la Crítica de las grandes ideas y de los grandes temas y las grandes notas murió con Natalio Botana".
En aquella época de oro Crítica fue ejemplo no sólo del trabajo periodístico, también de las distintas luchas que encabezaba como formadora de opinión. No se olvidó de las reivindicaciones gremiales en la que fue pionero el cronista Octavio Palazzolo, quien trabajó intensamente para que los periodistas obtuvieran beneficios sociales.
Palazzolo fue el hombre que cuando tenía la oportunidad defendía a un colega o sacaba el tema gremial en toda discusión, tanto con patrones como con periodistas. Cuando Botana jugó el puesto del tucumano Federico Ramírez en un partido de truco, allí estuvo Octavio Palazzolo. Según Tálice "él aprovechó la circunstancia para insistir en su prédica gremialista: la necesidad de conquistar normas que preserven al periodista".
Contó Tálice que en un bar de la calle Rivadavia y Talcahuano, Palazzolo una vez le planteó su pensamiento sobre la necesidad de "juntar esfuerzos y tomar conciencia para lograr conquistas de justicia y rehabilitación"; afirmaba que "hay que pensar y obrar con un sentido y criterio más amplio que el meramente individual. Es una misión que todos debemos cumplir". Tantas mesas de café, tanta insistencia en la organización, y muchos años de pelea, hicieron posible que Octavio Palazzolo, junto a Santiago Senén González (padre) con Juan S. Valmaggia allá por 1938 dieran los lineamientos de la Ley de Jubilaciones y crearan el Estatuto del Periodista.


Recuerdos del presente
Reconocidos escritores y periodistas tuvieron en Crítica su escuela. Allí se aprendía el oficio, se gestaba el conocimiento y se adquiría experiencia. Muchos comenzaron de muy chicos, Bernardo Ezequiel Koremblit dio sus primeros pasos en el mundo de las letras en el diario, a los 17 años: "A mi me llevó Carmelo Calarco, dirigente de Argentinos Juniors y de la selección de básquet. Me presentó a Botana, que me tomó una prueba y quedé". El director del diario le comentó una historia y le preguntó si se podía hacer una nota sobre ella. Koremblit contestó que no. Botana insistió para que escribiera el artículo, lo hizo y así comenzó la carrera de periodista.
Koremblit fue "el niño mimado de Botana" pero no era inmune a sus Críticas. "Una vez escribí una nota sobre una actriz, y se me fue la mano porque quería hacerle la corte. Botana mandó reducir. Después fui al taller y les dije que el director decía que todo lo que él había tachado iba". Los gráficos le hicieron caso y la actriz fue exageradamente halagada en las páginas de Crítica. "Cuando Botana vio la nota se enojó, averiguó lo que había pasado y me despidió. Después Nicolas Olivari, Rega Molina y Petit de Murat le hablaron y volví a la redacción".
El reconocido escritor y académico, Koremblit se jactó del alto nivel que se logró en Crítica. "Era un diario popular y era un diario, las malas lenguas decían que amarillo, algo había de eso, no tenía la forma severa de La Razón y La Prensa, pero sobre todo estaba muy bien escrito".
Alguien que puede dar testimonios de la segunda etapa de Crítica, después de la muerte de Botana, es Jorge Chinetti, periodista del diario que encontraba muchas marcas de aquellos años dorados y algunas mañas que no se perdían. "En esa redacción entraba y salía todo el mundo, no había portero, no se sabía si era una mesa de café o una mesa de redacción. A veces nos íbamos a escribir al café".
El primer trabajo de Chinetti fue el de canillita y a los 15 años hizo sus primeras armas en el periodismo en el diario socialista La Vanguardia.
En el año 1941 se incorporó a Crítica: "llegué para hacer unas suplencias y quedé efectivo. Estuve hasta el último día". Al principio formó parte de la sección del movimiento obrero pero recorrió casi todas las secciones del diario.
Su pasado en la prensa obrera y en constantes luchas sobre las reivindicaciones de los trabajadores a veces le trajo problemas. Chinetti recuerda cuando el director Rofles lo llamó a su despacho para hacerle una advertencia: "Rofles, que tenía que obedecer órdenes de Raúl Apold, secretario de Prensa y Difusión del gobierno de Perón, me lleva a su despacho y me tira una versión taquigráfica de un discurso mío en un acto del Partido Socialista que realizamos en la calle, y me dice, 'dejate de macanas, no hables en actos políticos contra el gobierno'. 'Mire -le dije-, digale a Apold que si quiere que no hable me pague cuatro sueldos, porque con uno trabajo seis horas y con las otras hago lo que quiero, no soy un esclavo".
Natalio Botana ya había muerto y Crítica se desinflaba como actor político. A comienzos de la década del 60 el diario agonizaba. Fernando Sabsay, académico e historiador, quiso poner a Crítica de pie. A fines del año 1962, ya fuera del gobierno de José María Guido como ministro en la provincia de Buenos Aires, Sabsay se reunió con los dirigentes gráficos Riego Ribas, Victor Iapiccino y Osvaldo Vigna, para resolver el problema de "los salarios caídos". Desde el momento que se hizo cargo de la Sociedad Pampa Editora SA, tuvo un solo objetivo: "La reaparición de Crítica".
Con las metas claras Fernando Sabsay asume como director del periódico: "me acompañaron en este gran esfuerzo Napoleón Cabrera, como jefe de Redacción y Oscar García Rey, como secretario general, en la administración el doctor Jorge Laske y Atilio Gomez". La difícil empresa contaba con el apoyo del ministro del Interior, Juan Palmero y del de Trabajo, Fernando Solá".
Sin embargo, Sabsay no pudo cumplir con el objetivo y en noviembre de 1963 dejó de aparecer Crítica por "problemas financieros".
La sirena se escuchó una de las últimas veces en junio de 1963, Sabsay recuerda que "la tradicional sirena de Crítica volvió a sonar al paso de los recién elegidos presidente y vice de La Razón, Arturo Illia, Carlos H. Perette. Desde los balcones y ventanas del edificio del diario, hasta el subsuelo, más de 400 empleados saludaban a las nuevas autoridades que se dirigían a la Casa Rosada".



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Senén González, Santiago y Bosoer, Fabián, Los gremialistas y el 17 de octubre, Todo es Historia, edición 339, octubre 1995.
Senén González, Santiago y Welp Yanina, Crítica, un hito en el periodismo argentino, Todo es Historia edición 375, octubre 1998.
Tálice, Roberto, 100.000 ejemplares por hora, Ediciones Corregidor 1989.
Ulanovsky, Carlos, Paren las rotativas, Editorial Espasa, Buenos Aires, 1996.
Ulanovsky, Carlos, Días de Radio, Editorial Espasa, Buenos Aires, 1995.

Diarios y revistas
Trespuntos: "De Botana a Gostanian", por Alvaro Abos el 14-06-2001
Clarín: "Crítica, el triunfo de un estilo revolucionario", en el Suplemento de Cultura y Nación, el 23-11-1976.
Clarín: "Natalio Botana, el hermético", por Ulises Petit de Murat, el 23-9-1976.
La Opinión Cultural: "Los años de GGG", el 30-11-1975.
Noticias: "Periodismo ardiente", por Alejandro Saez-Germain, el 26-12-1993
Página 12: "Memorias del subsuelo", por Juan Ignacio Boido, en Radar, el 30-01-2000
Página 12: "El Abuelo de Radar", por Daniel Link, en Radar, el 26-09-1999.

Entrevistas a
Chinetti, Jorge – Koremblit, Bernardo Ezequiel – Rudni Alberto – Sabsay Fernando.
Colaboración: Patricio Escobar
Edición: Andres Casak
Agradecimientos: Marcela López y Asociación Gardeliana Argentina



Además de su labor periodística, el autor es investigador y docente
especializado en temas laborales. Ha escrito varios libros: Breve
historia del sindicalismo argentino (1857-1974) y El sindicalismo en
tiempos de Menem, entre otros. Fue presidente de la Asociación de
corresponsales extranjeros en la Argentina de 1996 a 1999.
El primer multimedio argentino
Salvadora Medina Onrubia, esposa de Natalio Botana. Impulsiva, fogosa, emprendedora, fue mucho más que la esposa del director. Protagonizó una gran polémica por su labor al frente del diario.
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Tijerazos
Se trata de una vieja parábola judía,  tan bella como apropiada al momento financiero internacional.
 “Cuentan que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un rabino.
El rabino tomó la mano, lo acercó a la ventana y le dijo "mira".
El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó: "¿qué ves?".
El hombre le respondió: "veo gente".
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:- “¿Qué ves ahora?".
El rico le respondió: -"Ahora me veo yo".
"¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay...
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