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Charla con el ensayista mexicano César Cansino

¿La muerte de la ciencia política?

¿La muerte de la ciencia política?
Tapa del libro "Muerte de la
Ciencia Política"
Precedido por un número importante de publicaciones*, César Cansino acaba de ganar el Premio Ensayo 2008 de La Nación y Editorial Sudamericana, por su obra La muerte de la Ciencia Política. El Arca entrevistó al escritor y ensayista visitante y ofrece  a los lectores de ead/elarcadigital estas personales reflexiones sobre la realidad latinoamericana que, singularmente, marchan en dirección opuesta al actual rumbo dominante en la región.
Clara Hirsch / Periodista
¿La muerte de la ciencia política?
"El reconocimiento del publico es
importante, pero la verdadera
prueba de fuego es que genere
debate, discusión..."
Siendo usted un estudioso de las ciencias sociales y políticas, nos gustaría conocer su opinión sobre este momento que vive el mundo. ¿Cómo repercuten las crisis democráticas en América latina y particularmente en México?
—México tiene escasos ocho años de democracia, pues si bien es cierto que desde los años 40 nunca tuvimos gobiernos militares, tampoco tuvimos democracia. Eso hay que decirlo, porque suelen confundirse las cosas mirándolas desde otra óptica: hubo una dictadura de partido hegemónico que tenía mecanismos institucionales para renovar sus elites políticas y ofrecer la apariencia de democracia, mediante procesos electorales manipulados y fraudulentos. No es casual que Vargas Llosa haya mencionado a esta experiencia como una “dictadura perfecta”, sin tener los excesos de las dictaduras militares ya que tenía una clase política astuta, capaz, inteligente para renovarse y permanecer en el poder y lo lograron durante setenta años.
Entonces, obviamente, ante la corriente dominante a favor de la democracia, México tuvo que empezar a hacer ajustes normativos en su sistema electoral para permitir el pluralismo, la participación, la competencia, obligados por la circunstancias, ya que esta clase dominante comenzaba a ser cuestionada ante las crisis económicas y políticas y la sociedad adquiría más conciencia de lo que era vivir bajo el PRI (Partido Revolucionario Institucional). Entonces empezó habiendo más pluralismo político que terminó por la vía de la alternancia derrocando al PRI. Cuando esto ocurre, en el año 2000 el Partido Revolucionario Institucional, la clase política que gobernó México durante tantos años, ya estaba dividida, en su fase terminal, de manera que tuvo que aceptar su derrota y aceptar el triunfo de la oposición.

¿Qué ha pasado del  2000 para acá?
Pues como ocurre en estos casos, ha habido una enorme expectativa, como suele darse cuando los cambios son tan importantes. El presidente que surgió de la oposición, Vicente Fox, del Partido Acción Nacional, tampoco ha estado a la altura de esa expectativa y lo que tenemos ahora es un desencanto muy temprano con la democracia. México está instalado en una bomba de tiempo, porque desgraciadamente ha decidido legitimarse declarando la guerra al narcotráfico, pero es una guerra perdida. Lamentablemente nos acercamos a países como Colombia, gobernados por el Cartel de la droga, donde el ejército y la policía están infiltradas, hay muertes todos los días, hay violencia desatada y básicamente por un error de calculo político que quiso llevar las cosas a ese extremo, pues cuando hay situaciones que  competen a la seguridad de Estado deberían resolverse de otra manera.

Esta violencia manifiesta en toda América latina, ¿tiene que ver con una idiosincrasia cultural? Por ejemplo, Octavio Paz en El laberinto de la soledad, habla de “los hijos de la chingada” como una característica muy particular de los mexicanos…
—Paz es un autor que al referirse a la identidad de los mexicanos ha universalizado con el lenguaje algo que atañe a su excepcionalidad. Como la cultura mexicana proviene de una conquista traumática, esta universalización también puede ser compartida por otras culturas que pueden reconocerse, que compartimos en América latina, aunque también muchas otras nos separan. Suele idealizarse esta cuestión, entonces yo cada vez que vengo a la Argentina encuentro muchas diferencias entre los argentinos y los mexicanos por más que compartamos el idioma, el origen español…
Es frecuente escuchar que México tiene una identidad mayor que los argentinos…
—Sí, efectivamente. Hay un pasado precolonial muy largo que se suma a otra conquista indígena, igualmente violenta, que sometía, sojuzgaba a las otras culturas precolombinas, pero nuestra historia pudo haber tenido rasgos importantes en términos de invenciones, como el idioma, el alfabeto, me refiero a la palabra escrita, pero también es cierto que tenían una visión teo céntrica cruel y sanguinaria del mundo, que llevaban a cuestiones crueles y violentas. Ese es el pasado que se traduce en una Idea, una manera de ser y estar en el mundo del mexicano, muy reverencial del poder político.
Insisto, Paz igualmente dice que los gobernantes confunden los negocios públicos con los privados…
—El poder nos ha “chingado”, nos ha dominado, en consecuencia no nos sabemos auto gobernar, siempre estamos esperando al “etoile”, al hombre que nos diga por donde ir, la luz al final del túnel, y entonces nos quedamos con esa idea que se traduce en facilidad. En el mundo globalizado los individuos pueden tener otros referentes que anteponer a su cultura, a su realidad, volviendo de este modo, las culturas más hibridas, al decir de un sociólogo antropólogo argentino Néstor García Canclini. Tenemos rasgos  tradicionales, autoritarios, premodernos, posmodernos, estamos insertos en ese hibridismo cultural que definen a las sociedades contemporáneas. México no es la excepción. Tal vez la excepción es que tuvimos setenta  años de “prismo” y los mexicanos decidieron el cambio por la vía del partido que no ofrecía las viejas recetas, que eran la justicia social, reivindicaciones del proletariado, etc. Se decidió por el único partido que tenía como oferta política la libertad y consolidar la democracia, que sería el partido de la Acción Nacional. Eso habla de un cambio de valores, no se optó por la izquierda, igual de retórica que el PRI, se trató de afianzarse democráticamente y de aprender a vivir en libertad. En ese proceso estamos.
La muerte de la ciencia política tiene que ver con la globalización…
—No necesariamente. Mi planteo tiene que ver con que la ciencia política ha perdido el rumbo. Se ha convertido en objeto de estudio de laboratorio. Por  vía de la especialización, de la disección del mundo social, de donde se extrae lo político y se convierte en una institución, en un partido, en una serie de relaciones institucionales; se pierde  de vista el horizonte social en que se mueve. Entonces, la política no es un elemento que se puede manipular en el laboratorio, ella es lo que nos define, es el espacio de libertad, el espacio de afirmación de los ciudadanos. Cuando se deja de preguntar por los grandes temas contemporáneos, que le son propios, para concentrarse en los problemas que sólo interesan a tres especialistas iniciados en el tema, pierde su especificidad. Hoy, la ciencia política es incapaz de ofrecer explicaciones rigurosas, cuantitativas y científicas que también la constituyen.
La dimensión simbólica de la política es la democracia, que contempla, entre otras cosas, a las identidades culturales, que las ciencias sociales reniegan de contemplarlas, porque no pueden hacer hipótesis sobre estos temas, pero tampoco podemos descuidarlos.
¿Entonces no hay más preguntas?
—Tú hablabas de EUU. Es un ejemplo más que palpable que ahí la democracia es algo más que una forma de gobierno, es un modo de vida, una expresión cultural, es una forma social que logra conciliar una serie de afinidades, de expectativas, de orientaciones que significan rupturas con el pasado. Entonces, el resultado de las elecciones del 4 de noviembre supone un cambio impensable. A mí, una semana antes de las elecciones, me parecía imposible que ganara Obama. Quien conoce medianamente la cultura anglosajona, protestante, de los Estados Unidos profundo -yo vivo allí hace un año-, nota que está muy arraigada esta cultura de superioridad racial y de segregación.

¿A qué atribuye este triunfo?—Independientemente de otras razones el pueblo norteamericano está marcando una pauta. Esto ocurre justo en un momento donde quien mira las democracias en el mundo, concluye que están en crisis. En el discurso dominante de la ciencias sociales hay un agotamiento, una desconfianza de los políticos, lárguense, váyanse todos, esto que en la Argentina ocurre de manera más significativa, justo en ese contexto de descontento, de desencanto, surge una expresión de profunda reconciliación con la democracia, se observa que por la vía de la democracia sí pasan muchas cosas.

Justamente el filósofo Ricardo Forster en un artículo del diario Página 12 habla de política y violencia…
—Sí, pienso que Forster habla del regreso a lo básico. ¿Qué es precisamente el regreso a lo básico? Ofertar políticamente lo mínimo de supervivencia ante este mundo desencantado, donde la autoridad ha sido rebasada por lo poderes fácticos, la violencia, el narcotráfico, el crimen organizado, la inseguridad, en nuestros países, los poderes fácticos deciden. El Estado está corrompido y cooptado. En los Estados Unidos, la violencia fundamentalista islámica lo llevó a colocarlo como el diablo y el enemigo del mundo y entonces fue atacado. El regreso a lo básico consiste en ofertar políticamente mínimos de supervivencia, donde lo trascendente queda reducido a su mínima expresión. Pero, qué es lo trascendente: la libertad, la igualdad, la solidaridad, todos los valores, para que un político como George Busch dijera hace 4 años “yo les ofrezco la seguridad nacional  y mano dura al terrorismo” y un pueblo aterrorizado después de un 11 de septiembre dice: “dónde firmo”. Eso ocurrió y está ocurriendo más en América latina, donde los políticos cada vez más ofertan cuestiones mínimas básicas: “yo daré mano dura al crimen organizado”, y el que ofrezca política y justicia social, mejores empleos, no interesará…El ciudadano renuncia a todo, a ser un sujeto libre, a pensar, con tal de sobrevivir. El mundo es caótico, a quien me asegure mi vida le entrego lo que tengo. En Mendoza, donde estuve dando una charla, el gobernador propone mano dura para atemperar la violencia, pero lo paradójico es que no hay en el mundo un discurso objetivo y sensato, que le permita al gobernante garantizar la seguridad a sus ciudadanos.

Finalmente, ¿qué expectativas genera el nuevo libro?—Todas las expectativas. Empezó bien y espero que siga bien. El reconocimiento del publico es importante, pero la verdadera prueba de fuego es que genere debate, discusión y que contribuya para estar en sintonía con que lo yo considere es la política, opinar, debatir, deliberar. Habrá que esperar.


*Licenciado y Maestro en Ciencia Política por la UNAM; Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia (Italia) y Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense (España).
Ha publicado entre otros libros: Conceptos y categorías del cambio político (México, Ieesa, 2001); La ciencia política de fin de siglo (Madrid, Huerga y Fierro, 1999); El liberalismo de fin de siglo (Universidad de Almería, 1998); Historia de la ideas políticas. Fundamentos filosóficos y dilemas metodológicos (México, Ediciones Cepcom, 1998); Después del PRI. Las elecciones de 1997 y los escenarios de transición en México (México, Ediciones Cepcom, 1998); Gobiernos y partidos en América latina (México, Ediciones Cepcom, 1997); Democratización y liberalización (México, IFE, 1997). Ha tenido diversos reconocimientos nacionales e internacionales, entre los que se destacan su inclusión en la Academia Mexicana de Ciencias, el Premio Nacional de Periodismo en 1996 y el Jean Monnet Research Award conferido por la Comunidad Económica Europea.
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