Ruinas, en el pasado y el presente…
Grecia y la resaca europea*
Walter Molano
/ Jefe de investigaciones de BCP Securities*
Walter Molano:"Grecia se aprovechó
plenamente del auge de créditos,
recurriendo a diestras maniobras
para enmascarar sus fracasos".
Luego están los Juegos Olimpícos de 2004, una obra maestra de sobregiro en los gastos, fraude y corrupción. Y posteriormente el desgraciado incidente de septiembre de 2006, cuando Atenas resolvió inesperadamente recalcular su Producto Interno Bruto (PIB), con el fin de reducir el déficit fiscal como porcentdaje del PIB. Para concretarlo, la oficina nacional de estadísticas fue obligada a computar todas las actividades económicas no tomadas en cuenta previamente. En consecuencia, el PIB subió un 25%, con lo que el déficit fiscal se redujo a cifras aceptables. Pero el mercado se mostró indiferente ante este comportamiento, en momentos en que experimentaba los "dolores del parto" del auge financiero mundial y los inversores parecían dispuestos a mirar hacia otro lado ante manejos financieros indebidos. El hecho de que la gente se muestre ahora preocupada por Grecia y por otros países altamente comprometidos como Emiratos Arabes Unidos (EAU), Irlanda, Jamaica, España, Islandia y Portugal, es más un reflejo de lo que ocurre en el mercado global del crédito que preocupación por un fenómeno endémico en la república helénica. Y sin embargo la crisis representa un dolor de cabeza para los miembros fundadores de la Unión Europea, que estaba largamente demorado.
La Unión Europea emergió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial pero la unión monetaria se produjo mucho después. El objetivo de una moneda única se estableció recién a fines de la década de los sesenta. El Tratado de Maastricht recién fue firmado en 1993. El euro debió esperar al primero de enero de 1999. En un comienzo a la moneda europea no le fue muy bien. Durante tres años se cotizó por debajo del dólar estadounidense, cayendo a 85 centavos en octubre del 2000. Sin embargo, el colapso de la burbuja tecnológica, el comienzo de la aventura militar estadounidense en Oriente Medio y la erosiòn de las cuentas fiscales estadounidenses le permitieron a la moneda europea apreciarse rápidamente frente al dólar. Al mismo tiempo la laxa política monetaria de la Reserva Federal estadounidense brindaba al mundo abundante liquidez. Grecia fue uno de los muchos países que se aprovecharon plenamente del auge de créditos, recurriendo a diestras maniobras para enmascarar sus fracasos. El resto de Europa no se dejó engañar. Bruselas (sede administrativa de la Unión Europea) tenía acabada noción de lo que estaba ocurriendo, pero era tambièn el beneficiario del boom económico. Por consiguiente, ignoró la situación y se dedicó a disfrutar de la fiesta. Y sin embargo el día de rendición de cuentas ya asomaba en el horizonte.
Ahora, tras años de dilaciones, Europa tiene en sus manos una pesadilla. Los bancos franceses y alemanes tienen un descubierto conjunto de u$s 180.000 millones, suma nada desdeñable para un sector que todavía se recupera de los episodios de 2008 y 2009. Más aún, el colapso de Grecia podrìa conducir a desmadrar la totalidad de la unión monetaria. Nadie ignora que Portugal, Irlanda y España penden de un hilo. Italia está tambièn muy complicada. En escasos segundos la crisis de desconfianza podría trasladarse a países europeos muy consolidados, como Bélgica y Luxemburgo. Después del debacle de la consultora Lehman, los artífices políticos del mundo harán todo lo que esté a su alcance para evitar un colapso desordenado, que puede conducir a un fulminante contagio. Tal es la razón por la cual Francia y Alemania están al frente de la iniciativa para rescatar a Grecia. Son los dos países que tienen más para perder. La incógnita es si podrán elaborar un plan que sea potable para sus electorados. Una cosa es rescatar banqueros de la misma nacionalidad. Otra muy diferente es acudir en auxilio de una nación totalmente distinta. Los griegos ya tienen una bien ganada reputación de ignorar cualquier tipo de austeridad económica. Además, los griegos recibieron las recientes medidas fiscales muy friamente. Ello significa que las perspectivas de una solución sustentable no son buenas. El euro fue un fenómeno muy interesante y placentero durante el período de alta liquidez, pero se tornará en una lección dolorosa en tiempos de deflación y austeridad, a medida que la llegada de capitales se agote. En otras palabras, la resaca de Europa será brutal.
*Economista estadounidense, doctor de la Duke University (Durham, Carolina Norte, Estados Unidos de América), profesor de Economía de la Columbia University (New York, EUA), y economista-jefe del fondo BCP Securities (BCP'S).
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