...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
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También un genio psicótico de Hollywood Alfred Hitchcock (1899-1980), maestro del suspensoEl método Hitchcock iniciaba y finalizaba en su cabeza.
Sam Tanenhaus
/ Periodista (Newsweek)*
Antes de comenzar el rodaje, Hitchcock lo había dispuesto todo, incluso la utilería y el vestuario. Ahora, treinta y dos años después de su muerte, su reputación como director y las polémicas alrededor de su persona vuelven a elevarse a nuevas alturas. El Instituto Británico de Cine restauró ocho de las películas mudas de Hitchcock, cuando era un veintiañero. En agosto pasado, en la prestigiosa encuesta Sight and Sound que se realiza una vez por década, 846 críticos y profesionales de la industria fílmica votaron a Vértigo, de Hitchcock, como la mejor película de todos los tiempos, desplazando a Ciudadano Kane del trono que ocupó por 50 años. Pero las buenas noticias fueron seguidas por las malas: en octubre, The Girl, una película biográfica de 90 minutos transmitida por HBO, retrató a Hitchcock (Toby Young) como un acosador sexual que destruyó la carrera de una recién descubierta Tippi Hedren (Sienna Miller) después de que ella se negara a ceder a su demanda de que estuviese "sexualmente disponible" para él cuando hicieran Los pájaros. Manipular la sensibilidad del público a lo máximo Perfección de la obra contra perfección de la vida es un conflicto antiquísimo, pero en el caso de Hitchcock la dicotomía se resiste al análisis cómodo porque los hechos de su vida están enmarañados con los grandes temas de su obra: el deseo frustrado que se transforma en manía, la tensa dualidad de inhibición y violencia, la visión exaltada hermanada con el impulso casi sádico del control total, especialmente sobre los actores que, decía él, "debían ser tratados como ganado". Estos impulsos enfrentados determinaron el esfuerzo de Hitchcock "de manipular las sensibilidades de un público al máximo", como escribió Donald Spoto en The Dark Side of Genius, su biografía sobre el director. "No se cuestiona su obra. Él fue uno de los mayores genios en la historia del medio", aclara Sacha Gervasi, el director de una ambiciosa película de época, Hitchcock (estrenada el 31 de enero en Argentina), sobre la filmación de Psicosis. Lo que sigue siendo un misterio es la verdadera naturaleza de Hitchcock: "¿Qué tipo de persona era?". En Hitchcock, Gervasi recrea la "fábrica de sueños" de Paramount a fines de la década del ‘50: los escenarios y calles simuladas, las conferencias ejecutivas en suites de caoba, las engorrosas máquinas de edición, el pequeño ejército de lacayos y asistentes. Encarnado por Anthony Hopkins, Hitchcock no es un monstruo ni una caricatura, sino un artista que, como pez fuera del agua, buscaba conservar su visión subversiva en este mundo aburrido y reprimido. Hopkins quita las capas de la popular imagen caricaturesca de Hitchcock: el acento meloso, la barriga crecida y el traje negro de enterrador. Revela, en cambio, una criatura que vacía martinis de un solo y sonoro trago y que asalta los setos demasiado crecidos en su finca con la ferocidad de una sierra mecánica. Alma Reville, una colaboración vertiginosa La película explora la relación de Hitchcock con su esposa, Alma Reville (Helen Mirren). Nacidos con un día de diferencia en 1899, se conocieron en Islington, el estudio cinematográfico inglés, y se sumieron en una colaboración vertiginosa, aun cuando Alma, que reconocía tanto el genio como el perfil mujeriego de Hitchcock, subordinó su carrera a la de él. Gervasi añade: "Ella fue la árbitro final del gusto. Si ella decía que algo era bueno, era bueno. Si ella decía que no lo era, no lo era". La carrera medio oculta de Alma fue resurgiendo en años recientes. Es el tema del libro de memorias de la hija de la pareja, Pat Hitchcock O’Connell; y también aparece en el libro de Stephen Rebello, Alfred Hitchcock and the Making of Psycho, la principal fuente bibliográfica para el guión (de John McLaughlin) de Hitchcock. La solícita esposa hollywoodense abriga su propia ambición y detesta Psicosis como una "paparruchada de bajo presupuesto". Es Alma quien sugiere que la heroína sea asesinada cuando la película lleva solo media hora (desafiando la convención de Hollywood) y recomienda a Anthony Perkins en el papel de Bates. Es también ella quien se hace cargo de la producción cuando su marido está postrado en cama y rescata la edición final, y la que insiste en reintegrar los doloridos chillidos de violín a la partitura de Bernard Herrmann en la crucial escena de la ducha. Anestesiado y obligado por el éxito Los cinéfilos debatirán las libertades que se toma Gervasi, empezando por la primera escena, que recrea uno de los crímenes cometidos por Ed Gein, el asesino serial que inspiró Psicosis; el claro propósito es recordarnos que hasta el más espeluznante relato barato a menudo se inspira en eventos reales. Y Gervasi sujeta con astucia su historia a las realidades concretas de EE. UU. en 1959, mostrándonos por qué Hitchcock, quien cumplía 60 en ese año, temía haber perdido su lozanía. Por entonces, nadie más lo pensaba. Su película anterior, Con la muerte en los talones, había sido un exitazo para Hitchcock y sus estrellas, Cary Grant y Eva Marie Saint, tanto en taquilla como en elogios de los críticos. La película es, de hecho, típicamente de Hitchcock, con su pulidísimo estilo de gran estudio. Pero cuando se la mira hoy su atmósfera se siente falsa, especialmente su retrato de EE. UU. en un displicente kitsch Tecnicolor. La falsedad había empezado a irritar a Hitchcock, como también la obligación de los estudios de anteponer el decoro a las exigencias del arte. Estaba en su mejor momento, pero "anestesiado y obligado por el éxito", dice Gervasi. Los estudios lo buscaban para los proyectos más selectos, pero los Oscar lo pasaban por alto. Por otra parte, es imposible esquivar su creciente misoginia. Además de la experiencia extrema de Hedren, Hitchcock trató de forma abusiva a muchas actrices, como Vera Miles, e incluso a veces elegía lo que debían vestir fuera de escena. "Hitchcock es una persona muy, muy terrible", opina Gervasi. "También él sería capaz de estos crímenes horrorosos" —esto es, los de Norman Bates—. Los paralelismos son ineludibles. Hitchcock también era un nene de mamá, vivió con su madre hasta los 27 años. Y envidiaba a más no poder a sus agraciados protagonistas como Grant y Stewart, quienes atraían en la vida real a las mujeres hermosas que él poseía solo a través de ejercer su poder. Pero Gervasi presume que Hitchcock no era del todo consciente de los aspectos más oscuros de su naturaleza. Sin duda, él reprimió sus deseos, o los proyectaba en las glaciales estrellas rubias que favorecía. Pero esto no significa que no los enfrentase. Al contrario, dice Gervasi, "yo pienso que todos sentimos que él está superando algo, una ira sublimada hacia las mujeres, una obsesión con el sexo, la muerte y el asesinato". El autoconocimiento, no su negación, lo llevó a las profundidades de bajo presupuesto de Psicosis, y a su carácter explícito, que en su momento llevó a negociaciones tirantes con los censores de Hollywood. Uno de los mejores momentos de Hitchcock se da cuando no se objeta el apuñalamiento lascivo del personaje interpretado por Janet Leigh en la original (y aquí por Scarlett Johansson), sino la inclusión en la escena de un inodoro. Un horror estético Hitchcock parece deleitarse con estos enfrentamientos, como una oportunidad de ser más astuto que los guardianes de los valores familiares. Con igual deleite le informa al reparto y al equipo de rodaje que la filmación coincidirá con los últimos días de la administración de Eisenhower. El mensaje de Hitchcock, inequívoco, es que la década de 1950 ha terminado y comenzará una nueva era, menos reticente en su exploración del sexo y la violencia. Los códigos y censores desaparecerán pronto. Y es Hitchcock quien señaló el camino. La descendencia de Psicosis pronto poblaría, y reviviría, al cine estadounidense. "Bonnie y Clyde, La pandilla salvaje y Quentin Tarantino pueden rastrearse a Psicosis", señala Gervasi. Al ver la Psicosis original hoy día, no son solo las cuchilladas, las cuales en la mente de Hitchcock transmitían el "desgarramiento en la mismísima pantalla, rasgando la película", lo que se nos queda grabado. También es lo que las precede y las sigue: la coreografía brutal de imágenes, el placer casi orgásmico en el rostro de Janet Leigh cuando siente en su piel el chorro de la ducha, y luego, después del ataque, la imagen surrealista de un enorme ojo sin vida, con su rostro ahora como una máscara brillando por las gotas de agua. Psicosis, diría Pauline Kael, "me horrorizó de una manera que me hizo sentirla como un caso en el que se rayaba en la inmoralidad... debido a la complicidad alegre del director con el asesino". Y el recuerdo es permanente: se "quedó conmigo al grado de que la recuerdo siempre que estoy en la ducha de un motel". Psicosis ofrece más que horror, y más que horror estético. Recupera nuestros impulsos más primitivos a través de las técnicas más calculadas. La complicidad nos incluye. Ante tal maestría, es inútil preguntarse si el hombre que la creó era "bueno" o "malo". Hitchcock nos lleva a un lugar donde pocos se atreven a ir solos. "Todos estamos en nuestras trampas privadas", le dice Norman Bates a su víctima, en el tranquilo preludio a su asalto. "Yo ya no me preocupo de la mía". Hitchcock, al crear esta gran película, quiso, por encima de todo, liberarse de su propia jaula de oro, y llevarnos con él. Y como no tenemos otra opción, lo seguimos. *Esta nota fue publicada en la revista Newsweek (2.02.2013) Otras notas de esta ediciónA contracorriente de Europa Alemania bendice la llegada de inmigrantes
Der Spiegel / Publicación alemana
Tijerazos"A los jóvenes les hablo de alimentos y bebidas como los yogures, el pan y la cerveza realizados a través de procesos biotecnológicos. A los mayores, les menciono las vacunas, antibióticos y nuevos medicamentos. A los industriales les cuento de los biocombustibles y bioplásticos; a los economistas, del agro negocio y a los ambientalistas, de conservación de la biodiversidad. Todos tenemos algún punto de interés en la biotecnología". *Estudió en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Luego de “La noche de los bastones largos” emigró a Chile. Actualmente... Tiza y pizarrónLa educación por especialistas
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