La Caja de Ahorro y Seguro

...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14

ead / elarcadigital / Publicación semanal de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.

Buscador ead
Buscador Google
Última edición gráfica
Una "muerte a traición"

Pepe Carvalho se ha quedado solo

La desaparición de Manuel Vázquez Montalbán, el 17 de octubre último, ha sorprendido al mundo cultural y social casi como "una muerte a traición". El padre del entrañable Pepe Carvalho –singular personaje de una veintena de sus novelas-, no pudo terminar de atar cabos para concluir Milenio, la última saga de las andanzas de su famoso detective. El galardonado escritor, Premio Nacional de Literatura en España entre tantos, falleció en la sala de espera del aeropuerto de Bangkok a los 64 años. La pluralidad de su pensamiento combinaba la serena reflexión sobre la sociedad, el marxismo conjugado con el arte pop y hasta las aventuras artísticas de Lola Flores. Nuestro adiós al escritor español lo expresamos reproduciendo la entrevista que el enviado de El Arca le realizó en Cataluña a principios de 2000 (El Arca 43).
Alberto Catena / Periodista y escritor
(Desde Barcelona)
Barcelona es una ciudad hermosa, una de las más atractivas de España y tal vez del mundo, pero que se ha vuelto últimamente algo fatua, como esas mujeres bonitas e inseguras que necesitan alertar a cada rato sobre los rasgos de su belleza.

"Barcelona, posa't guapa" (Barcelona, ponte linda) rezaba hace algunos meses un gran afiche ubicado bajo el monumento de Colón, al final de la Rambla, que ocultaba unas obras de reparación del lugar. Manuel Vázquez Montalbán, el gran escritor catalán, ha dicho que es una ciudad demasiado cargada de desodorante, que pareciera fumigar todos los días sus calles para demostrar qué respetable y aséptica es. Esa fatuidad, como es típico en estas sociedades del nuevo milenio, no pierde oportunidad de organizar sus espectáculos para que un público ávido de frivolidad los consuma como si fuera parte de ellos, aunque en verdad está siempre afuera, como un convidado de piedra. El día en que este periodista conversó con el creador del famoso detective Pepe Carvalho, muchos habitantes de esa metrópoli festejaban la reinauguración del mítico Teatro Liceo, cuya reconstrucción la gente vivía como un milagro. Detrás de una valla vigilada por policías, mujeres y hombres pugnaban por tener el mejor lugar para ver la llegada del rey Juan Carlos con su esposa Sofía y disfrutar las migajas visuales del show comentando admiradamente el vestuario de los invitados del jet set barcelonés.

En la oficina de la agente literaria Carmen Balcells, donde se realizó la charla, Manuel Vázquez Montalbán transcurría la tarde ajeno a los preparativos de esa ceremonia. No porque desconociera el hecho, sino porque es un crítico tenaz de esos circos montados en torno a la banalidad. El día en que cientos de miles de barceloneses concurrieron a festejar la boda de la infanta Cristina, él prefirió irse a una playa con amigos, a disfrutar de una buena comida, un buen vino y una amena charla sobre literatura o política. Porque así es este descendiente de gallegos criado en el barrio chino de Barcelona, un hombre apegado a la buena mesa, a los placeres de la vida, pero convencido de que esa militancia de la sensualidad, lejos de adormecer la conciencia crítica que un intelectual debe tener de los problemas de la sociedad, tiene que estimularla.

Vázquez Montalbán es un hombre más bien bajo y corpulento. Tiene un rostro serio pero apacible, mucho más ahora que no lleva el grueso bigote que portó durante años. Y aunque sus maneras son secas y nunca simulan simpatía, poseen el don de crear en torno al diálogo una atmósfera de natural laxitud que enseguida produce comodidad. Es consciente de ser uno de los escritores más leídos de la lengua castellana en la actualidad y uno de los responsables de haber impulsado el renacimiento de las letras españolas en estas últimas décadas; pero ni esas certezas ni otras que discurren por la charla traslucen el más leve indicio de soberbia. La sencillez es una de las primeras cualidades que seducen de su personalidad, a lo que hay que agregar de inmediato la inteligencia con que contesta cualquiera de los variados temas que son de su interés y la filosa ironía con que despacha algunas de sus opiniones. En este caso, el intercambio se centró sobre distintos aspectos de la actual política internacional, que domina como pocos.


La larga travesía

–Un signo de esta época es que los cambios de gobiernos no producen cambios. El socialismo ha llegado al poder en varios lugares, pero su política no difiere de las políticas encarnadas por los conservadores. ¿A qué atribuye esto?

–La globalización no es solamente una figura, es una realidad que hace mínimas las posibilidades de independencia y soberanía para poder producir un cambio. El marco en que se mueve la capacidad de decisión tanto económica como política es estrecho. Por otra parte, en muchísimas sociedades se han extirpado los cuerpos ideológicos más críticos que podían abogar por un cambio radical y se han instalado los exponentes de la cultura dominante, una cultura cuyo lema es aceptar lo que hay y tratar de mejorarlo. Y ahí se acabó. Entonces, lógicamente, cuando un político quiere conseguir una clientela tiene que dirigir un mensaje tomando en cuenta todo esto. Con lo cual, por más que se critique al adversario, lo que se ofrece en definitiva es un producto muy parecido. Es como esos estuches fascinantes que llenan los supermercados, pero que luego se abren y todos tienen adentro lo mismo. Este es un signo universal. Aquí, en España, ocurre lo mismo en la medida en que su sociedad se va pareciendo cada vez más a las restantes y cumple iguales pautas económicas, políticas y sociales.

–Usted habla de una larga travesía. ¿Propondría a la izquierda socialdemócrata un sinceramiento de su discurso real para ganar nuevos espacios sociales?

–Hace cinco años le hubiera contestado que sí. Ahora no. Ahora le diría a la izquierda que apuesta todo a la conquista del mercado, que haga su juego. El problema son los otros. ¿Los otros qué van a hacer? Allí hay un amplio frente disgregadísimo, que va desde los que se apuntan en las organizaciones no gubernamentales hasta los que militan en otros movimientos sociales alternativos, algo muy difícil de aglutinar y que tal vez no tenga por qué aglutinarse, pero que es la expresión del malestar del mundo, de que la globalización del planeta ya da a entender en clave que nos dividimos en globalizados y globalizadores. Y que no es lo mismo contemplar el mundo desde uno u otro lugar. Creo que el lugar más dinámico del mundo, donde todavía hay mayor conciencia crítica es América latina. Porque allí las condiciones de la realidad son muy duras y porque, a pesar de la feroz represión para que retrocedieran las fuerzas de la izquierda y todo lo que significó la solución final del Cono Sur y de los planes pensados por Milton Friedman y sus teóricos para el pinochetismo y otras dictaduras, no se ha remediado el malestar de amplísimas capas de la población. Eso es siempre como un rescoldo que puede dar lugar a algo.

–¿Qué se requeriría para que el reformismo socialdemócrata diera resultados en América latina?

–Para que hubiera una verdadera solución reformista –y ésa es una antigua discusión que mantuve con Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards– tendría que haber tejidos sociales que pudieran garantizarlo. No se puede trasladar el parlamento suizo a Ruanda, porque allí no existe un tejido social capaz de responsabilizarse de esa superestructura de carácter político. La izquierda actual, durante un larguísimo tiempo, tendrá que ir levantando inventarios del desorden del mundo, inventarios de los déficits reales e ir convirtiéndolos en utopías. A las viejas utopías del paraíso en esta tierra, decir no; la utopía es que no haya hambre en el mundo, que no haya racismo, que no se muera gente por enfermedades controlables por la medicina actual, etcétera, y las medidas que se podrían tomar para lograr eso. Una de las primeras cosas para obtenerlo sería impedir que el poder establecido absorba a todos los movimientos críticos incorporándolos a su nómina, a su plantilla, haciendo de ellos sucursales de una nueva Cruz Roja. El capitalismo salvaje crearía los daños y luego llegarían los nuevos miembros de esa Cruz Roja a mitigarlos, como si fuera una orden de los mercedarios o cualquiera de esas organizaciones de asistencialismo premarxista.

Los palanganeros

–En Europa existe una capa emergente enriquecida o próspera que en algunos casos llega hasta el 60 por ciento de la población. Esa gente es un factor de amortiguación grande al cambio. ¿Qué puede hacer cambiar a esa capa?

–El único elemento de ruptura de esa complicidad con el sistema establecido sería el miedo ecológico. El que cuaje o frague la idea de que un desarrollismo sin control equivale a la autodestrucción, lo cual obligaría a un replanteamiento del sistema económico. Pero para que se llegue a eso tendría que haber mucha más destrucción ecológica. Se tendrían que morir unos cuantos individuos de asfixia en algún lugar selecto, porque hasta que no se empiecen a morir asfixiados no van a entender esto, no habrá alarma.

–¿Usted cree que es posible romper esa hegemonía que el discurso del poder ejerce a través de los medios?

–Es muy difícil, sobre todo porque no existe una conciencia de víctima mediática. Hace años que predico que se incorpore a la enseñanza primaria la lectura de los medios. De esa manera se podría dotar de mecanismos de defensa a los chicos. El otro modo es recurrir a elementos de ruptura del espejo mediático que pueden ser muy peligrosos, como los que se han impulsado, por ejemplo, en la guerrilla de Chiapas. Cuando visité Chiapas tuve una larga conversación con Marcos, que saldrá pronto como libro. Ese esfuerzo guerrillero se tiende a ver como un movimiento inútil, destinado al fracaso, pero analizándolo bien podemos descubrir que ha tenido algunos efectos muy interesantes. No hace mucho se firmó un acuerdo de libre comercio entre norteamericanos y mexicanos, que ha vendido la idea de que México se va a incorporar al Primer Mundo. Ese país tiene unos niveles de pobreza aterradores, hay casi 10 millones de indígenas sin prácticamente ninguna asistencia. Aquella idea se contraatacó con el ruido de una revolución que intentó romper el encantamiento mediático con que se pretendía envolverla. Al romperse el encantamiento, la gente no tuvo más remedio que decir, bueno, aquí ha pasado algo. Si ese movimiento hubiera sido un golpe a lo Che Guevara, meten ahí al Ejército, la CIA o lo que sea y lo machacan en quince días. Pero esa insurgencia se plantea sobre la base de comunicar a lo loco lo que se está haciendo mediante fotos, mensajes a la televisión, Internet. ¿Qué quiere decir eso? Que están obligando a que el receptor habitual, que es un individuo por lo general alienado, tenga que asumir que hay algo que rompe el encantamiento. Y a partir de allí se transforma más en una guerrilla mediática que en una guerrilla armada. Todo lo cual me parece interesantísimo. Que esa operación salga bien o mal es otra historia, pero significa que han conseguido romper el cerco mediático. Claro, asumiendo una responsabilidad como es la de empuñar las armas. Y luego de ahí ha salido un discurso alternativo atractivo: que la responsabilidad de cualquier cambio es de la sociedad civil, no de un partido mesiánico o una minoría, como se hubiera podido reclamar desde el viejo revolucionarismo. La sociedad civil es la víctima del sistema y es la que debe cambiarlo.

–¿Cuál es dentro de la sociedad civil la función del intelectual?

–Sigue siendo la función de siempre. Debe ser consciente de que si hace una descripción de la sociedad, allí está el sufrimiento social, la explotación, la miseria, las relaciones y los crecimientos desiguales. Y a él le corresponde hacer un inventario de eso y plantearse la manera de cambiarlo. Si no lo hace no es un intelectual. Puede dedicarse a ser general de la OTAN, montar un shopping o robar carteras en los autobuses, lo que le guste. Pero si es un intelectual su función es descubrir los niveles de no verdad que hay en el sistema. No digo ya la verdad porque es muy difícil, pero sí la no verdad.
*Además de su labor periodística es crítico teatral
e investigador de temas culturales.
Imprimir el Artículo   Recomendar el Artículo   Exportar el Artículo a PDF   Compartir en Facebook   Compartir en Twitter

Otras notas de esta edición

El legado prehispánico en México
Del arte indígena a la grandeza del siglo XX
Alicia Azuela / Investigadora
Cuentistas y pintores
Los mensú
Texto: Horacio Quiroga / Ilustraciones: Carlos Alonso
La globalización sin frenos
El fantasma nuestro de cada día
Ariel Ruiz Mondragón / Periodista
Orígenes del universo
Los mitos de la ciencia
El Arca / Redacción
El mito de la Arcadia
Una visión de la naturaleza aún vigente
Marcela Ledesma / Periodista
Las enemigas de la penicilina
Ni animales ni plantas: bacterias
Carlos Salas / Periodista
30 de noviembre
Día del Teatro Nacional
El Arca / Redacción
El futuro de las blancas palomitas
Cuando la escuela no es más que una carga
Daniel Della Costa / Periodista y escritor
Tijerazos
"A los jóvenes les hablo de alimentos y bebidas como los yogures, el pan y la cerveza realizados a través de procesos biotecnológicos. A los mayores, les menciono las vacunas, antibióticos y nuevos medicamentos. A los industriales les cuento de los biocombustibles y bioplásticos; a los economistas, del agro negocio y a los ambientalistas, de conservación de la biodiversidad. Todos tenemos algún punto de interés en la biotecnología".


*Estudió en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Luego de “La noche de los bastones largos” emigró a Chile. Actualmente...
Huellas de Píndaro
Huellas de Píndaro
De Grecia arcaica al presente
Tiza y pizarrón
Tiza y pizarrón
La educación por especialistas
Perfiles
Perfiles
La ciudad y sus mejores obras
ineba
dain
biblioteca unesco
Guias VIP
habitues teatro colon
La Caja
riglos
el conocedor
todo opera
espacio y
telecom
cachamai
siglo XXI
biblos
de la flor
el ateneo
urano
losada
area paidos
katz
alfaguara
norma
lumiere

ead / elarcadigital

Viamonte 1716 - 3 - 16 (C1055ABH) - Buenos Aires - Argentina

(54 - 11) 4374-1987 / 4371-0922

elarcadigital.com.ar no se responsabiliza por material de cualquier tipo no solicitado, ni tampoco por la devolución del mismo.

Las colaboraciones firmadas expresan la opinión de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de la revista.

La línea editorial de la revista se expresa exclusivamente a través de los textos firmados por su Consejo Editor.