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Acerca de ciertos pronósticos demográficos

Noche y lujuria: apenas un mito

Daniel Della Costa / Periodista y escritor
Como cada vez que ocurre, el último gran apagón que se produjo en una amplia zona de los Estados Unidos y de Canadá, les permitió a los pícaros de siempre pronosticar un baby boom de aquí a nueve meses. Un vaticinio tan taquillero como pueril que se origina en una fantasía generalizada: la que asocia oscuridad y noche con sexo, potenciada en este caso porque al faltar la electricidad, las parejas tampoco tuvieron TV, cine, teatro y otras diversiones para entretenerse. Esto está tan extendido y se da tan por cierto que hasta el popular Napoleón Bonaparte creía en esa patraña. A él se le atribuye haber dicho, contemplando sin mucha emoción los millares de cadáveres destripados al cabo de una feroz batalla, que no era cosa de preocuparse, ya que todos los infelices que yacían allí podían ser reemplazados en apenas una noche de París.

No sólo no está científicamente comprobado que se haga más el amor de noche que de día, sino que si fuera cierto que la oscuridad es un imán para el sexo hoy en el mundo habría más esquimales que mosquitos, ya que allá en el extremo norte del planeta, donde ellos viven, los días sin luz se cuentan por meses cada año calendario. En consecuencia los maxicubitos de los igloos se encontrarían en perpetuo riesgo de desmoronamiento, debido al zarandeo continuo de los matrimonios. Y en Suecia, Finlandia, Noruega y otros países nórdicos, los rubios se derramarían de sus fronteras, a causa de las largas noches de invierno. Cuando es indudable que sucede todo lo contrario, hasta el punto de que cada vez les da más trabajo reunir once güeros para formar un team de fútbol y los huecos los van llenando con morochos subidos.

Y este fenómeno también sirve para demostrar la falacia de unir la noche y la oscuridad con la lujuria desenfrenada. Los muchachos que se muestran más prolíficos son precisamente los de los países próximos al trópico, donde el sol, de tan cargoso, parece que mata. Pero nada de eso, el calor los inspira y no importa que sea de noche o de día, que haya cortes de luz, inundación ni terremoto: las parejas van a los papeles y todos los días son buenos para el baby boom.

Lo que restaría por saber es si aparte del poco o nulo efecto de la noche para provocar al indio que todos llevan adentro y el más que demostrado efecto del sol, las tierras calientes y los mares de aguas tibias, existe algún otro factor climático, ambiental, cultural o de otro tipo, que contribuya a la atracción de los sexos. Por ejemplo, hay quienes suponen que, a causa de la reciente suspensión, durante dos fechas, de los partidos de fútbol, los argentinos pueden haber tenido la oportunidad de redescubrir a sus parejas y dedicarles a ellas parte del tiempo que hasta entonces empleaban para ir a la cancha o mirar los partidos por TV. Sin embargo ciertos expertos en la idiosincrasia nacional dudan que por ese motivo vayan a multiplicarse los nacimientos en mayo o junio próximos. Una rápida encuesta habría confirmado ese aserto, ya que revelaría que los hinchas privados del fútbol criollo, igualmente le dedicaron largas horas a ver cómo se daban de patadas el Bayern Leverkusen de Alemania con el Matador Puchov de Eslovaquia, y el AIK de Suecia con el Trabzonspor de Turquía. Sin contar a los nostálgicos que, aunque no hubiera fútbol, igual se citaron en los alrededores de las canchas vacías para comer pizza, tomarse una birra y hablar de los viejos buenos tiempos, cuando el equipo, que hoy está en la D, vapuleaba a sus rivales en la C, mientras ellos rompían las cabezas de la fanaticada rival con certeros piedrazos.

Ahora bien, aunque la eventual atracción entre los sexos despertada por la suspensión del fútbol está lejos de ser demostrada y lo mismo ocurre con los efectos afrodisíacos de la noche y la oscuridad, debe quedar bien en claro que nada de lo dicho va en detrimento, por ejemplo, de la virilidad de la hinchada de Huracán o de Chacarita y mucho menos de la fuerza de la líbido de los esquimales. Más aún, está bien claro que despojarse de la piel de oso en el interior de un igloo, con 30° bajo cero, para intentar un approach algo más íntimo con su pareja, no debe ser moco de pavo. Y tampoco será fácil para el matrimonio, cuando le vienen las ganas, juntar el coraje suficiente como para enviar a sus pequeños afuera, a jugar a la pelota o a la mancha venenosa, con semejantes temperaturas.
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