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Píndaro, uno de los más destacados poetas de la Grecia arcaica (518 a.C).
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Sin andarivel y otros poemas
Graciela Perosio
Fotografía de Sara Facio. Desde 1968 coordina el taller Las voces, dedicado al estudio y fomento de la creatividad aplicada a la escritura. Su obra ha servido de inspiración a otros artistas destacándose la muestra escultórica sobre La vida espera que Aroldo Lewy hiciera en el Museo Luis Perlotti. Un grupo de jóvenes que investiga las posibilidades de las perfomances multimediáticas, bajo la dirección de Elizabeth Dib, ha montado dos de ellas como comentario a Regreso a la fuente (Centro Cultural de la Cooperación y Casa de la Lectura, respectivamente) Su obra está siendo traducida al portugués y al italiano, habiéndose difundido por diversas publicaciones gráficas y sitios de la red. «El horizonte aguarda...» Partiré algún día las manos libres hombros al viento y el recuerdo al que pagué tributo. Partiré hacia las horas quietas y llevaré serena un manojo de hierbas cultivadas con dolor y empeño. Mi trabajo y los pocos cariños conseguidos. El horizonte aguarda más allá de los dueños y las casas, más allá de los hijos: la soledad de la plena compañía. Al fin, el fin. Ni yo ni tú. El fin de cada uno más o menos conquistado. (del luminoso error, 1982) El surtidor en el centro del jardín está seco. La puerta carcomida, apolillada. Un herrumbrado martillo ha olvidado las fraguas. En el huerto han jugado la batalla pisoteándolo todo, enrojeciendo el verdor y la frescura. Sólo la daga del viento danza desde el alba en lo que fuera mi inútil fortaleza. (Brechas del Muro, 1986) Edicto (1) Yo he sido siempre una manzana fresca. Reluciente en el plato. Cercana y recatada. No hacía falta cortarme. Nada me lastimaba. Moraba iterativa Para el hambre del hambre. Desconozco el mordisco que supiera dolerme. Mis jugos eran juegos hacia la alegría alta. Por eso siempre estuve a mano para todo. Y era toda feliz mientras me masticaban. Nadie tiene la culpa. Publíquese en los diarios. Yo nunca imaginé que me acabara. (1) Escrito que se fija en los estrados del juzgado para conocimiento de las personas interesadas en los autos que se instruyen, en los que no están representados o cuyo domicilio se ignora.) (Brechas del Muro) la última ternura a Horacio Tarelli Voy a juntar desechos con la poca ternura que me quede. Voy a arropar algún héroe maltrecho (Ulises, Lanzarote, Quijote o Martín Fierro) (Súperman, El Zorro, David Crocket o Patoruzú) Sé igual –Minguito− a estas alturas Lo llevaré a mi casa Y haré una sopa de cuentos para niños (Argentina: tus niños creciendo horror TV en colores hataris boligoma desempleo tus niños sin eneros y tus héroes sin gesta.) La última ternura que nos quede vivida a rajacincha sin pudores. Con retacitos -escorias de viejas dependencias- coso una bandera de juguete una bandera en fin una bandera. (Brechas del Muro) las heridas aún duelen pero más las ausencias esos huecos presentes que donde tocás tiemblan pasadas tantas luchas el cansancio me puede me llega desde adentro se me inclina la lanza yo sé que están los hijos cuidando mi caballo yo sé pero hoy los huecos la sangre como llamas los diálogos truncados y tanta mala pata yo sé pero no nombren después de la batalla después de tanto tiempo con el dolor en ancas ay padre madre tierras después de tanto tanto al fin voy a llorar. (La varita del mago, 1990) Tu lengua lenguándome la crisálida oscura cimbreando mis ma- riposas confusas que me son en vuelo arrebatas batiente en el crepúsculo te golpeás rajándome te rajás golpeándome tu lengua partiendo enmariposada de mí lengua que alé con mi pubis a dónde tu volarme lejor qué manos me manan los senos nos mantea tu lengua cuajada en mi mano se vola vuela danza me soy siéndote incisiva mi lengua deslenguándote qué senos me manan las manos qué sé nos te dónde aquí humedades no me regreses nunca. (La varita del mago) no es para quedarnos en el amor que amamos sino para la duda para la mutación persistente que atraviesa los hijos los proyectos las vidas planetarias escaleras remolinos no es para quedarnos amor puerto partida parto parte y no todo y no final sino puerta infinita amamos no para quedarnos sino para la angustia escudo oscuro paso en el amor que amamos (La varita del mago) quedóse exhausto el mar que tanto bufó el viento una desmesurada noche disemina ecos de fukuyama. y tu voz, un susurro en la espuma del mar, batiendo sin embargo, duramente, el único problema ideológico, verdaderamente serio que nos queda por debatir, es la muerte. pensar, legislar, engendrar desde su perfil estricto. pero ¿qué si desvanecemos el luto? qué si disfrazamos la obra del dibujante eximio en nuestro rostro? ¿qué podrá saber quien no empuñe -como triunfante bandera por la vida- la epifanía del ritmo de la disolución? tu sabia disolución te hará invencible. honra, pacientemente, la sacralidad del instante y el milagro austero de la precariedad, ardua llave del arte, que siempre, aunque te abrume, es la orfebrería de lo mínimo. contrara del poder. en fin, hija, esa hendidura leve del escueto diálogo con la más fiel de las amantes. (La vida espera, 1995) somos las aguas tibias/desandate/ navegá con nosotras cuerpo a cuerpo contigo/ oí las voces sabias/ las burbujas/ el lento suceder del ritmo dentro el ritmo/ somos las aguas tibias/ las sensatas/ las que fluimos despacio aun en la tormenta/ cobijate desnuda/ desatada de signos y estropajos/ coincidite en los tiempos conocidos/ tomá el pulso en tu pecho/ no te olvides/ coinversá con tu miedo/ corregílo/ y esperá en la paciencia calladita/ sonreíle a tus piernas y que aguarden/ por esta vez quedate con vos misma/ y el futuro que aquiete su marcha de redoble/ sus relinchos/ sus potros de la ausencia/ y toda la certeza de tus precariedades/. (La vida espera) Como letargo como quien deja ir quien se despide apenas sonriéndole a un transparente pasado que se marcha, se deslíe, borronea. Suelta el nombre y la forma. Quien los dedos abre permite que la sangre fluya. Quien permite gana todo lo hasta ayer perdido: la sangre, los amores, los acordes finales y el silencio. (Regreso a la fuente, 2005) Como telaraña que resiste. Que aun cargada de lluvia y en el viento resiste. Como la huella de piececillos en la orilla que la marea aplana y borra Pero vuelve con los niños del verano… La vida, frágil, regresa. (Regreso a la fuente) nadie más fiel que las violetas de mi balcón. invierno tras invierno bautizan de color cada mirada al mundo desde mi living rojo, fucsia, magenta, borravino, lila, blanco, rosa persistentes, llameantes, altivas en su humilde dignidad de maceta viven erguidas en el propio tallo y con la mirada gacha hacia el oscuro trabajo del sustento. (sin andarivel, 2009) a fines de agosto el parque ensaya para la pascua florida con ritmos del sur. los sauces intensifican su verde, el ceibo ennegrece reconcentrándose para el salto, pero el álamo permanece con su presencia traslúcida de fantasma. el álamo austero, a fines de agosto, me recuerda que siempre hay un hueso duro de roer. (sin andarivel) reír con la contundencia roja de la caseta del cuadro de Malevich limpiar la borra triste del café que se adhirió al fondo de los huesos jugar con las astillas sobrevivientes de una catástrofe partir, soltar, dejar y estirarme bajo el sol de la playa como un gato perezoso. (inédito) *Esta sección cuenta con el asesoramiento del poeta Jorge Ariel Madrazo |





