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...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14

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Huellas de Píndaro

Huellas de Píndaro De Grecia arcaica al presente

«Siempre tendré quince años…»

LUIS LA HOZ

LUIS LA HOZ
Luis La Hoz, nació en Lima en 1949  y es corresponsal de la revista editada en Nueva York REALIDAD. Ha publicado los siguientes libros: Cosa de nadie, 100 poemas (Fondo Editorial de Cultura Peruana, 2010). 10 aves raras de la Poesía Peruana (Fondo Editorial de Cultura Peruana, 2007). Geografía inútil (Estruendomudo Ediciones, 2006). Una flor amarilla (Ediciones del Mono Armado, Buenos Aires, 2004). Los poemas de Federico (Edición no venal, 2003). Oscuro y Diamante (Banco Central de Reserva del Perú, 1998). El antiguo ardor ( Edic. de los Lunes,1993). Los adolescentes ( Edic. de los Lunes, 1987).  Ángel de hierro ( Edic. del autor, 1984). Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, 33 poetas suicidas (Concytec, 1988).
Sus textos están incluidos en diversas antologías nacionales e internacionales.
Ha representado al Perú en congresos y encuentros internacionales de poesía, tanto en Argentina, Colombia, Venezuela, Costa Rica, etc.
Corresponsal  de la revista editada en Bogotá PROMETEO, de la revista editada en París CHEMINS SCABREUX y de la revista venezolana CIRCUNVALACION DEL SUR.
Fundador del diario limeño La República. Co-director de la revista literaria AUKI.
Ha dictado talleres de poesía en diversas universidades de Lima.
Tuvo una destacada  actuación como Promotor Cultural, llegando a ser Fundador y director de la Casa de Poesía Eguren. Miembro del Comité Calificador de Espectáculos Culturales del Instituto Nacional de Cultura. Director de Cultura del distrito de Miraflores.
Fundador y Director del Centro Cultural del Ministerio de Educación. Director del Centro Cultural de la Escuela de Bellas Artes del Perú. Gerente de Cultura, Educación y Turismo del distrito de Barranco

1
Tengo quince años y explosiona en mis venas
un torbellino de luces, bocas, peces ondulantes.
Es caliente mi cuerpo.
Lanza mariposas que vuelan con colores fosforescentes
a  través del día y de la noche.
El día y la noche tienen poco tiempo para mí.
Nada es suficiente. Estoy enardecido aun en sueños.
Odio los sueños. Prefiero las calles,
las bocinas de los autos, los hoteles frente al mar,
el olor de las madreselvas reflejándose en un espejo.

Tenía quince años. Siempre tendré quince años.
Soy el que he sido desde un día, algo recuerdo,
fue a las tres de la tarde
y cruzaba el sol por una ventana.

 
2
Una noche mis sueños fueron
lo que nunca habían sido.
Desperté mojado, perdido en la oscuridad,
a punto de morir.

Por la ventana pasaban lentos haces de luz,
orquídeas, voces llamando a la provocación.

Qué fue aquello. Aun recuerdo los espasmos
y el agua saliendo como un géiser
y la sed y el orgullo en llamas.

Pero también recuerdo una especie de soledad,
ahora la entiendo, recién puedo nombrarla.
Soledad de taxi perdiéndose en una esquina,
madrugada en silencio
y sobre la pista mi nombre
transformándose en otro nombre.

Un día los sueños cambian, mudan de ropaje,
muestran escenas tan hermosas
como un trozo de vidrio destellando
bajo la luz de la luna,
tus músculos tensos como alambres electrificados
y el estallido y el ardor
y los gruesos perfumes de un nuevo jardín.
 
3
Nada es mejor que tú mismo
caminando por una amplia calle iluminada
y la gente y el bullicio
y los falsos y los verdaderos diamantes
y los tacones de tus botas resonando
y tú abierto, ávido, impertinente,
como un águila cruzando la inmensidad
llevada por el viento y por el deseo de ser libre,
elemental y triste deseo que ha guiado nuestras vidas
y nos ha dado la soberbia, la historia humana,
lo que un día contaremos y tal vez quede escrito
o sólo sean trazos de tinta con el valor de una hoja
a punto de caer,
otoño,
árbol puesto a vivir y después a fallecer
con el ritmo de las continuas estaciones.

Yo no voy a morir. Tengo la edad de la maldad,
tengo la furia de un leopardo,
quiero mi propia madriguera.

4
Ningún día es bueno.
Todos son agujas y tú eres un escuálido muchacho
que sólo tiene derecho a mirar lo que no le pertenece.
Nada sabes. El saco que te abriga es de tu viejo
y lo llevas encima con los ajustes que el destino ha ordenado.
Tu madre es el destino
y bailan en el cielo tres o cuatro aves que miras alejarse
y con ellas quisieras irte y no puedes
y caminas
y tu nombre lo escribes una y otra vez
en una hoja en blanco
y lo estudias y observas su composición
deseando que tu rostro por fin se haga realidad
en ese maldito garabato.
Tener un garabato es más importante que cualquier cosa.
Tu nombre pertenece al exclusivo ornamento de tu mano.
Nadie firmará igual.
Podrás escribirlo en una pared
y quedar eternizado para siempre.

Ningún día es bueno.
Todos son agujas que vienen implacablemente
y tú no tienes nada que hacer.

5
Dos cosas y después la calle.
Deseo el cielo y esto que me ofrecen
no me sirve para nada.
Y una tercera y otra vez la calle. Prefiero la noche.
Un tipo canta una canción y toca el piano
y en el bar tardará el fuego en extinguirse.

Genios de la noche, brujas de labios hambrientos
y piernas largas
para el largo amor que los hombres buscan
como flor perdida.
Esto es el amor y éstos los que acuden a su reino
con ropas de pordiosero.

A pesar de su miseria, para mí las calles son doradas
y resplandecen con durísima belleza.
Y la noche también es dorada y todo lo malo
es tan bueno que dan ganas de llorar.
Maravillosos peces agitando sus colas de tul,
medias de seda, cortas palabras sin aliento
y el piano acariciando los pálidos rostros,
la luz de neón, el plástico,
los vasos escanciados.

6
Nadie es serio cuando tiene diecisiete años,
dijo el loco de Rimbaud.
Un día se puso a beber, solo,
y frente a la espuma brillante de su cerveza
decidió largarse.
Nada serio. Escogió Abisinia, el Mar Rojo,
los esclavos, las armas, y una negra fue su amante
cuando el sol caía.

Libre, ardiendo, tú también sueñas
con lo que nunca habrás de tener, mala suerte.

Nada es serio a los diecisiete años, todo es posible,
un millón de aves resplandecientes, archipiélagos,
cielos que deliran frente a tus ojos,
medusas de maravillosos colores
y todos los pecados por fin al alcance de tu mano,
nada serio,
pecar es mejor que parecerse a una rata
escondida en los desagues.

Amo el pecado, las flores carnívoras,
las madrugadas que llegan
y son pálidas como tu rostro
y una cierta angustia camina por la calle
con pasos de bailarina.

7Escapa del colegio. Huye de las matemáticas.
No permitas que te pongan uniforme.

Y tú corres. Te vas al sur. Una muchacha dice adiós
y guarda el secreto en una lágrima.

Oh dulces carreteras que llevan hacia ningún lugar,
muéstrenme el pasado, flor sin recuerdos,
estática y prescindible como los rascacielos
donde viví y padecí el ritmo de los ascensores,
los allanamientos y la cocaína,
el vómito de Néstor, marica inútil que lloraba
por sus jóvenes inalcanzables,
pobre alma perdida y ebria en el piso siete.

No quiero volver. No estoy aquí para arrodillarme.

Y me fui. Y tú te irás. Está prohibido el regreso.

8
Los deseos son como jóvenes caballos indomables.
Para ellos las praderas nunca serán suficientes,
ni las púas punzarán con suficiente dolor.

La gente por lo general reprime los deseos.
Fascinante es el peligro y también amargo.
No tiene dulzura pero sí una exaltada belleza.

Escoge tú. El peligro de la rosa
o la quietud de los geranios. O no escojas.
Escucha mis pasos
que son como lenguetazos de serpiente,
como puñales que buscan tu carne,
que van tras de ti implacable y silenciosamente.

Deseo herirte, romper la arquitectura de tu casa.
Soy tan egoísta como un lobo frente a un arroyuelo
después de muchos días recorriendo la estepa.
Estoy hambriento como nunca lo he estado.

Sé lluvia sobre tierra seca.  Sé sangre para murciélago.
Sé aquello para lo que yo te he creado.

9
Oh rostro amadísimo, llega la oscuridad
y las luces se encienden y otro mundo empieza.
Brillan los adolescentes y un escaparate muestra
casacas negras
Esfinge de dios. Crótalo de platino.
La noche es maravillosa y en ella cabemos todos.
Las muchachas con tigres en los ojos.
Los muchachos. Todos danzando.
Todos frente a sus deseos. Todos los adolescentes
galopando  a través de la noche,
amadísima noche que nos regalas habitaciones para el amor,
estrellas, calles iluminadas y la música de este tiempo,
cristal, rojo cristal donde aun queda mi figura
reflejándose,
delgado,
mal vestido,
eterno adolescente.

10
En La Colmena camina la gente y nuestro amor.
Soy tan feliz que nada me importa.

No tengo un cobre en los bolsillos, no sé hablar,
no sé qué árbol me dará su sombra,
no tengo sombra.

En La Colmena cruza la multitud y yo te espero
frente a una tienda iluminada por decenas de luces
parpadeantes.

Nada tenemos, tú y yo y ningún lugar futuro.
Pero somos orgullosos y ágiles
y el amor nos salva de morir.

En La Colmena camina la gente. A dónde iremos.
Escaparates, vidrios, cuchillos ensangrentados,
máscaras que nunca habremos de usar.

Esta noche vente conmigo. Será la primera vez,
será un pañuelo de seda.
Nuestro amor camina entre la multitud
y brillan las luces
y un ómnibus se detiene majestuoso
como un cisne en su laguna.

11
En la habitación de un hotel
dos personas se aman en silencio y en bullicio.
Al frente el mar, in limine,
bañando todo con su luz.

Van y vienen los amantes.
Llegan sin palabras y sin palabras se marchan,
ansiedad y deseos satisfechos,
dulces pájaros bajo el cielo gris.
De algún lugar la voz de Sinatra
y como una equivocación
la vida intenta ser hermosa, una vez más,
hermosa, globo cautivo.

Una noche decidí quedarme
y hace un siglo que estoy, in limine,
sus ojos son verdes y es tan bella
que no hay razón para partir,
esconderme aquí,
no dejar sus brazos ni para descansar.
Al frente el agua inmensa.

12
Siempre juntos. Hasta la eternidad.
Así son las promesas de los adolescentes
y luego el olvido de los adolescentes.
Oro, destellos, playas día y noche esplendorosas,
música, muchachos y muchachas limpios,
que el paraíso viva en nuestros corazones,
que allí se quede.

Unos partirán a la frontera y morirán sobre las hojas.
Otros serán cansados transeúntes
esperando la llegada de un autobús,
testigos sin más gloria que la sabiduría.
Esto es así, las maneras sólo son distintas.
Para unos los retratos y el color fosforescente
que la historia de los hombres necesita.
Para los demás el serrín de un bar, la esquina,
una especie de familia compitiendo con el secreto.

Algo que ya he dicho, volveré a decirlo.
Así son las promesas de los adolescentes
y luego el olvido de los adolescentes.
Lo que queda es un sueño, un deseo,
aire que nada puede transformar.

Yo tenía el pelo largo y prometí para siempre
y olvidé para siempre.

Aquí está el sueño de Luis. Aquí está Luis.
Lo recuerdo para eternizarlo.
Nada cambiará, todo es igual.

13
Mírame sonreír. Mírame.
La noche termina y soy feliz porque tú existes.
Ayer sonreí ante las luces.
Hoy sonrío ante otras luces. Es sencillo.

Tener más años te hace más sabio
y más próximo a la muerte,
que eres tú mismo ante lo que por fin has de saber.

Mírame, este soy yo,
perfecto y digno como cualquiera
que puede contarte una buena historia.

Soy solo un tipo que camina.
Siempre seré un tipo que camina.
El cielo no pregunta cuál es la edad de los pájaros.



*Esta sección, que difunde a poetas argentinos y latinoamericanos, cuenta con el asesoramiento de Jorge Ariel Madrazo, poeta, periodista y escritor.
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Tijerazos
Se trata de una vieja parábola judía,  tan bella como apropiada al momento financiero internacional.
 “Cuentan que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un rabino.
El rabino tomó la mano, lo acercó a la ventana y le dijo "mira".
El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó: "¿qué ves?".
El hombre le respondió: "veo gente".
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:- “¿Qué ves ahora?".
El rico le respondió: -"Ahora me veo yo".
"¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay...
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